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La gran estafa del "voto personal"
00:10 martes 27 enero, 2026
Colaboradores
El espectáculo es el mismo de siempre, pero el cinismo se renueva. La diputada local Aranzazu Puente —ungida bajo el azul del PAN— decidió que el partido que le pagó la campaña, le prestó el logo y le dio la estructura, ya no le "representa". Con una mano en el bolsillo y la otra en la manija de la puerta de salida, se declara "sin partido". Dice que se va por congruencia, pero el tufo que deja en el pasillo legislativo huele más a una mudanza pactada que a una revelación espiritual.
Y es que este "salto al vacío" es, en realidad, un salto con red de protección. En el submundo de la política real, quedarse sin bancada es el purgatorio necesario para lavarse la cara antes de aparecer, mágicamente, en las filas del partido en el poder o en una nueva aventura naranja. ¿Quién gana? Gana la legisladora, que ahora cobra un valor de "voto bisagra" y puede vender su voluntad al mejor postor en la próxima reforma clave. Pierde, como siempre, el ciudadano que tachó una boleta convencido de un proyecto de oposición y hoy se despierta con una representante "independiente" que no le rinde cuentas a nadie.
Hay una soberbia casi patológica en las y los diputados, de creer que los miles de votos que les llevaron a la curul fueron un cheque en blanco a su carisma personal. Seamos honestos: sin el logo, sin los brigadistas que sudaron la camiseta y sin el dinero de las prerrogativas de los partidos políticos, muchos de estos personajes no ganarían ni la presidencia de su condominio. Ignorar que el sistema mexicano es de partidos no es un acto de rebeldía, es un acto de amnesia selectiva. Es robarse una representación que no les pertenece para usarla como moneda de cambio en su carrera individual.
Y en parte la culpa es por el vacío legal que permite este mercado de pulgas legislativo. No hay una ley de "antichapulinismo" real, porque a los que mandan les conviene tener agentes libres listos para ser comprados. Si hubiera un ápice de decencia, la renuncia al partido vendría acompañada de la solicitud de licencia definitiva al escaño. Pero no, la curul es cómoda y el sueldo es seguro. ¿Por qué devolver lo que se puede usar para negociar un próximo puesto en el gabinete, o tu reelección bajo otro color?
Esta figura de la "diputada sin partido" es la máxima expresión de la política líquida: esa donde las convicciones duran lo que tarda en llegar una mejor oferta. Es una burla directa a la inteligencia del electorado. ¿Usted votó por un contrapeso? Lo siento, ahora tiene una agente libre que votará según le sople el viento de la conveniencia. Es el triunfo del ego sobre la institución y de la ambición sobre el mandato popular.
Si el cargo es de la persona y no del proyecto, ¿para qué gastamos miles de millones en mantener partidos políticos? Si cada quien va a hacer lo que le plazca una vez que se sienta en la silla, quizá va siendo hora de exigir que quien traicione la plataforma que lo impulsó, tenga la dignidad de irse a su casa y no a la oficina de negociaciones. La democracia no es un autoservicio donde uno toma lo que le sirve y deja la cuenta sin pagar.
¿Usted votaría de nuevo por alguien que ya demostró que es cuestión de tiempo para traicionar su confianza?