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Y en lo inmediato, y tal vez también a largo plazo, lo perdieron Donald Trump y lo que representa
00:01 miércoles 11 febrero, 2026
Colaboradores
Más que actuaciones o presentaciones alternas, el medio tiempo del Supertazón de futbol americano estuvo en el centro de la guerra cultural de los Estados Unidos.
Y en lo inmediato, y tal vez también a largo plazo, lo perdieron Donald Trump y lo que representa.
La presentación del cantante puertorriqueño Bad Bunny fue una celebración de pluralidad y ciertamente de la presencia latina en los Estados Unidos. El show alterno, montado por la organización Turning Point USA, con Kid Rock a la cabeza, festejó a unos Estados Unidos excluyentes, que se aferran al pasado.
Es cierto que la mayoría de los espectadores del clásico del fútbol americano no tenía idea de lo que decía Bad Bunny en sus canciones. Probablemente sólo unos pocos se identificaron con el perreo o con la simbología de las torres eléctricas y la caña de azúcar.
Pero vieron un espectáculo en serio, con enorme simbolismo. Lady Gaga, Ricky Martin, Pedro Pascal, Jessica Alba... Y ciertamente con el trasfondo del mensaje previo contra los excesos de la Policía migratoria.
A cambio, en el show alterno que se presentó con la supuesta intención de defender los valores estadounidenses, Kid Rock simuló cantar, y recordó sus veranos de fumar "cosas divertidas" mientras un puñado de cantantes de música Country buscó exaltar los valores de un sector conservador de los Estados Unidos.
La verdad, en términos artísticos no hubo competencia: Bad Bunny, recién ganador de un premio Grammy al mejor disco del año fue lo nuevo; Kid Rock, un veterano cantante más conocido ahora por su cercanía al presidente Donald Trump fue la nostalgia.
Pero sobre todo, el debate fue simbólico. El contraste fue importante: unos Estados Unidos plurales, multiétnicos, pluriculturales, contra unos excluyentes, enraizados en un pasado que nunca existió.
Fue un debate político a través de las pantallas de televisión y la primera presentación jamás de un espectáculo completo de medio tiempo en un idioma otro que inglés en el festejo comercial por excelencia de los Estados Unidos.
Los espectadores del SuperTazón no necesitaron ser fanáticos de Bad Bunny para ver su espectáculo. El mero acto de no cambiar de canal fue en muchos sentidos una declaración política, como lo fue el buscar el show montado alrededor de Kid Rock.
Trump, como Kid Rock y sus seguidores, representan un sector importante de los Estados Unidos, uno que enfrenta agresivamente su temor ante un futuro que no implica su predominio social, económico, político y racial.
Lo cierto es que los Estados Unidos son un país en plena guerra cultural. Por un lado, quizá un 40%, y en descenso, de población que teme convertirse en minoría y perder privilegios ante grupos que, como los afro-estadounidenses, los latinos o los asiáticos llegan al país con nuevo empuje y, a querer o no, cambios de perspectiva.
Bad Bunny habría sido el centro de atención para más de 100 de los 130 millones de espectadores que vieron el SuperTazón en los Estados Unidos; Kid Rock y su cohorte habrían sido vistos por 6.5 millones de personas.
Al presidente Trump no le gustó el espectáculo. tiene derecho a su opinión. Pero... el ganador fue Bad Bunny, y lo que representa.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE