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Las palabras de Juan son, en su brevedad y su lucidez, un diagnóstico acertado de la izquierda que nos cayó encima
00:10 martes 20 octubre, 2026
Colaboradores
Leí el otro día que Juan Villoro, al recibir el Premio Carlos Fuentes, muy merecido reconocimiento a su admirable obra, alertó sobre el auge de la ultraderecha y, a fin de encontrarle un antídoto, llamó a los gobiernos de izquierda a meterle más dinero a las ciencias, la cultura y la educación, como les es propio.
Las palabras de Juan son, en su brevedad y su lucidez, un diagnóstico acertado de la izquierda que nos cayó encima, pero no, en cambio, de las relaciones de la izquierda con la cultura en general. El obradorismo es una vertiente de la progresía particularmente iletrada y fóbica al conocimiento, pero no una anomalía.
Al contrario. Eso lo vuelve una vertiente de las formas predominantes del progresismo contemporáneo, siempre en guerra con el pensamiento y la creación. La Cuba castrista, madre nodriza de todas las nuevas izquierdas, se escabechó a tres cuartas partes de los muchos buenos escritores de la isla a punta de cárcel o exilio, prohibió a cualquier cantidad de novelistas, cineastas y músicos de fuera, incluidos los Rolling Stones y el 99% de la literatura norteamericana, y borró la estupenda tradición musical de la isla para privilegiar el horror de la nueva trova.
A cambio, gastó el dinero de la URSS, que se dejó parasitar –como luego Venezuela y ahora nosotros–, en venderle muy hábilmente al mundo una imagen de revolución culturosa y entusiasta de la educación. En adelante, los herederos de Castro, en Venezuela, Ecuador, Perú o Nicaragua, han resultado, sin más, asnos orgullosos de serlo que, en el mejor de los casos, le meten dinero a la cultura en la medida en que funcione como propaganda o adoctrinamiento.
Si uno excluye las socialdemocracias, que son más bien formas en extinción del liberalismo, lo de que es propio de las izquierdas meterle lana a la creación y el conocimiento es más que dudoso, siempre que hablemos del pensamiento y la creación libres y diversos. Digo: volteen al siglo XX.
Esa es la tradición a la que pertenece el obradorismo, en cualquiera de sus dos pisos. En efecto, se le metieron y meten recortes Cultura y Educación, para sorpresa de los poetas, cineastas, bailarines o teatreros que impulsaron el proyecto de AMLO con entusiasmo.
Peor aun, el poco dinero que hay se canaliza a pasarelas con huipiles, exposiciones de caricaturistas a modo en Los Pinos, piramidotas de cartón y ferias como la del Zócalo, una iniciativa que fue muy buena y que ha terminado en sesiones endogámicas de chairos que se elogian unos a otros, que elogian a AMLO o la presidenta y que disparan lugares comunes sobre el neoliberalismo.
En cuanto a la amenaza de la ultraderecha, que efectivamente avanza por el América y que sí, es una amenaza seria, hay un motivo para el optimismo: la 4T no ha dejado mucho que destruir. Ni en la cultura, ni en nada.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09