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¿Hasta donde puede la SRE influir en el gobierno? Es una pregunta válida sin una respuesta simple
00:10 martes 20 octubre, 2026
Colaboradores
Con la relación entre Estados Unidos y México centrada sobre todo en temas de seguridad y comercio, la situación de la Secretaría de Relaciones Exteriores y su titular, Roberto Velasco, es complicada, para definirla de alguna forma.
Por un lado, al menos en las declaraciones que hizo en su reciente comparecencia ante el Senado, Velasco describió, sin decirlo así, un esfuerzo por recuperar terrenos y posiciones tradicionales de política exterior.
Por otro, debe enfrentar las realidades de un mundo cambiante, al igual que las presiones políticas internas, que no solo ponen a prueba las intenciones, sino que complican tanto los consejos en torno a las políticas como respecto a las tomas de decisión.
¿Hasta donde puede la SRE influir en el gobierno? Es una pregunta válida sin una respuesta simple.
Tómese la relación con Estados Unidos como caso. Al margen de gustos ideológicos o preferencias tradicionales, es de lejos la mas importante para el pais, por vecindad, por tamaño, por interrelación social y económica o simplemente por sus posibilidades positivas y negativas.
A todos gustaría una relación respetuosa en la que cada uno esté en su lugar. Pero la relación bilateral es enorme, multifacética, donde problemas internos de uno tienen impacto en cuestiones domésticas del otro, con frecuentes incendios focales de mayor o menor intensidad.
Pero está la realidad de organizaciones criminales internacionales que tienen un impacto negativo en el país y para el país, tanto que para algunos sus actividades son un desafío a la soberanía nacional por su impacto y su influencia en algunas áreas, y para otros, especialmente en el extranjero y concretamente en el vecino del norte, son un peligro multidimensional por su capacidad de contrabando de drogas y otras actividades, por tráfico de armas y dinero, y ciertamente la posibilidad de alianzas con grupos terroristas o servicios de inteligencia no amistosos.
Parte realidad, preocupante no solo para México sino para naciones cercanas, parte mito por la extensión de la presencia que se les atribuye, los cárteles son el pretexto justificante para que el tema de seguridad pueda tener más intensidad en la medida que el gobierno vecino se deje llevar por, o busque aprovecharse de, la paranoia que parece el punto central del ethos estadounidense.
Pero a final de cuentas, la necesidad de enfrentar ese problema no emana sólo de razones internacionales, sino de la propia supervivencia del gobierno mexicano: la presión económica estadounidense es real, la amenaza de intervenciones militares es posible aunque sus costos económicos y políticos podrían exceder con mucho la conveniencia; los expertos afirman que la cuestión doméstica es igualmente difícil, el control gubernamental está comprometido en 40 por ciento del territorio, y políticamente se habla tanto de sentimientos nacionalistas como por la conveniencia aparente de muchos políticos, hoy asociados con la coalición gobernante, sobre todo a niveles regionales y locales.
La SRE, en todo esto, se asume como el mascarón de proa para la parte formal de una política exterior donde hoy tiene un papel complementario y que para Velasco, por institucionalidad y conveniencia, debiera ser central.