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Para el diario Axios, Hegseth "preside sobre un Pentágono con menos líderes de primer nivel, menos armamento crítico y menor responsabilidades"
00:01 viernes 4 septiembre, 2026
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En medio de todo el ruido que acompaña al gobierno del presidente Donald Trump, destacan los escándalos que cada vez con más frecuencia salen del Pentágono, el ahora definido como "Departamento de Guerra", que bajo la dirección de un expresentador de televisión y declarado militante cristiano-derechista parece estar menos en conflictos internacionales que en controversias domésticas.
De acuerdo con un recuento, el secretario Peter Hegseth parece buscar la politización de las fuerzas armadas estadounidenses para favorecer una visión de "nacionalismo cristiano" en la que mujeres y minorías raciales tienen un papel menor.
Hegseth mismo, un veterano con servicio en Guantánamo, Irak y Afganistán, debió dejar la Guardia Nacional en 2019, debido a sus creencias.
Tiene tatuajes relacionados con las Cruzadas que son considerados como expresiones de movimientos extremistas y racistas.
El funcionario ha sido acusado de encabezar una "purga" dentro de las Fuerzas Armadas y destituido u obligado a marcharse a altos mandos de casi todas las ramas militares, incluidos el jefe del Estado Mayor Conjunto, el máximo almirante de la Armada y el jefe del Estado Mayor del Ejército.
Para el diario cibernético Axios, Hegseth "preside sobre un Pentágono con menos líderes de primer nivel, menos armamento crítico y menor responsabilidad ante el público".
La renuncia esta semana del secretario del Ejército, Dan Driscoll, dio nueva fuerza a la ya creciente polémica en torno a la forma de actuar de Hegseth, al que se atribuye bloquear ascensos de minorías étnicas y mujeres mientras promueve una visión ultraconservadora del cristianismo.
La dimisión de Driscoll, un aliado del vicepresidente J.D. Vance, tendría que ver tanto con divergencias sobre la modernización del Ejército de Tierra como –se dice– con las presuntas ambiciones políticas de Hegseth.
Parte del problema, también, es que se le atribuye alentar la propagación de una tesis que favorece la aplicación de "principios cristianos" en la ley y la vida diaria.
A cambio, encabeza un aparato político-militar que, de acuerdo con una serie de reportes, se esfuerza por limitar, si no eliminar, el ascenso para minorías étnicas y mujeres, mientras permite la asistencia de su esposa Jennifer, también conservadora cristiana, a sesiones de información secreta y reuniones de alto nivel.
De hecho, es parte de un movimiento que busca a largo plazo la instauración de un régimen teocrático, la "Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas" (CREC por sus siglas en inglés), que considera que debe eliminarse la separación entre Iglesia y Estado y que solo cristianos tendrían derecho a gobernar.
Por lo pronto, sin embargo, dirige un "Departamento de Guerra" que busca recursos por más de 1.5 millones de millones de dólares.
Mientras se desarrolla una guerra que pone a prueba las capacidades de un aparato militar al que al mismo tiempo trata de reformar de acuerdo con sus propias creencias.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS