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El triunfo de Lula frenó al bolsonarismo, pero no renovó la política brasileña
00:01 jueves 29 octubre, 2026
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Para los demócratas del mundo, la victoria de Lula es una noticia buena pero no maravillosa. Tampoco una muy interesante: teñido de un halo de corrupción –si no personal al menos partidista–, Lula rezuma vieja política en valores como en prácticas, ésas que no por haber pasado de la TV al WhatsApp dependen menos de un arreglo clientelar indigno de una sociedad de ciudadanos. Así, el suspiro global de alivio que exhalara el mundo ante el resulado de la elección brasileña deriva menos de su triunfo que de la derrota de Flavio Bolsonaro, literal heredero de un proyecto autoritario, enemigo de derechos humanos y libertades individuales. Si algo ofrece a Brasil el PT de Lula es tiempo para replantear su clase política, asignatura a estas alturas urgente.
Mucho más digno no sólo de encomio sino de atención es lo que sucediera al mismo tiempo en una Serbia que debería concitar el interés de quienes sabemos que la democracia liberal está herida de muerte pero no logramos encontrar proyecto que la suceda fuera de las aborrecibles coordenadas del autoritarismo y el populismo.
La caída de un toldo en una estación de trenes de Novi Sad en 2024 –que resultara en 16 muertos– hubo de detonar protestas estudiantiles acaso menos vistosas que las de Francia pero más susceptibles de procurar cambios. El movimiento resultante terminaría por evolucionar en una suerte de comisión electoral que arrojaría una lista de candidaturas ciudadanas –ninguna estudiantil– articuladas en torno a una agenda amplia pero puntual –anticorrupción, transparencia, libertad de expresión, profesionalización de la administración pública, innovación educativa, economía del conocimiento, seguridad alimentaria, vivienda y medicamentos asequibles– que conquistara la mayoría absoluta de los escaños en la elección parlamentaria del domingo pasado.
Mientras los románticos celebran el ímpetu juvenil y los escépticos cuestionan la viabilidad de un regimen parlamentario con una mayoría sin experiencia política –son sobre todo profesores y figuras de la cultura, la ciencia y el deporte–, pocos discutimos las condiciones que posibilitaron lo que podría anunciar un nuevo paradigma democrático.
Habrá que agradecer a un sistema electoral que permite a cualquier organización de la sociedad civil que reúna 10 mil firmas (y no sólo a los partidos) presentar una lista de candidaturas legislativas de representación proporcional, y que vigila bien los topes de campaña en procesos electorales breves con financiamiento mixto, igualmente topado y por tanto mayoritariamente ciudadano. (La campaña de los estudiantes tuvo su principal fuente de ingreso en aportaciones individuales de alrededor de 60 dólares.)
Replicarlo aquí parece estar en literal serbio. Caray, uno con Belgrado en la mente, y ellos con París a sus pies.
POR NICOLÁS ALVARADO