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Hace unos días, la fiscal Ernestina Godoy anunció que quedaba resuelto el caso del Interoceánico
00:10 sábado 31 enero, 2026
Colaboradores
Una de las dudas más desgarradoras de las que golpean a la humanidad, desde siempre, es cuál será el peor trabajo del mundo. Bien, pues la Cuarta Transformación, a sus muchos logros, puede sumar el de haber dado respuesta, por fin, a esa interrogante ancestral. Si quitamos de la mesa los trabajos esclavos de diferente tipo, es decir, si nos concentramos en los trabajos de naturaleza digamos legal, la respuesta, inequívoca, es: chofer. Sí: el peor trabajo del mundo, bajo la 4T, no es ni el de trapear baños en una pulcata, ni el de bucear en aguas negras, ni el de limpiar el Zócalo después de un platón de la CNTE, ni el de hacerle pedicure a los de la bancada morenista en San Lázaro. El peor trabajo, con el gobierno del pueblo, es el de chofer, conductor u “operario” –fea palabra– de lo que sea.
Hace un par de días, la fiscal Ernestina Godoy anunció que quedaba resuelto el caso del Interoceánico, ese descarrilamiento que se tradujo en 14 muertos y 98 heridos. ¿Cuál creen que fue el problema? No, el problema no fue ni la premura con que armaron e inauguraron la obra el sexenio pasado; ni la supervisión –pro bono, ¿eh?– del cachorro del ex presidente; ni el hecho de que el tren en cuestión sea un peligro —lo dijo la Fiscalía— si agarra una curva a más de 50 por hora; ni la falta de señalización; ni el hecho de que la tecnología ferroviaria del Bienestar obligue al maquinista a controlar la velocidad in situ, onda tren del Salvaje Oeste, y aparentemente a ojo, ni los proveedores, igual que no parece haber ningún indicio inquietante en que los trenes cuatroteístas hayan tenido seis accidentes en dos años. No. El problema es que el chofer le pisó. Imagínense que agarró la curva a 65, y que en algunas rectas no se limitó a los 75 —leyeron bien— que marca un manual que, por otro lado, quién sabe dónde andará. Resultado: maquinista detenido y listo para que se le abra una “carpeta de investigación”. A la cárcel.
No es el único caso. ¿Recuerdan la explosión de una pipa en Iztapalapa? Resultó que el problema no fue ni el acné crónico que distingue a las calles chilangas desde que las gobierna el pueblo, ni el camión mismo. El problema fue que al chofer, como al del Interoceánico, le gustaba pisarle. Así que: carpeta, y a lo que sigue.
De este modo, mi consejo fraternal es que si quieren chambear en tiempos de la democracia popular, que no sea de chofer. Ni modo. La buena noticia es que con la Cuarta, que va, hay chambas apetecibles y poco riesgosas. Como el huachicol fiscal. O como proveedor del gobierno. O, mejor aun, como titular de Migración. Fíjense nomás qué maravilla de puesto: se mueren decenas de migrantes calcinados, dices “Ups, sorry”, y te dan un cargo en la SEP, para que aportes tus infinitos talentos a la tarea inaplazable de educar a la niñez mexicana.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09