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No es una novela de resistencia, sino de agotamiento. No hay instante de emancipación, sólo el imperio de la inercia
00:10 domingo 18 enero, 2026
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De Patria o muerte (Tusquets, 2015), de Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960), suele decirse que es una novela coral en torno a la muerte de Hugo Chávez, contada a partir de conversaciones cortas y escenas breves. Pero esa manera de narrar la historia no es solamente un recurso formal; es un modo de hacer inteligible una lógica opresiva. La multiplicación de puntos de vista, lejos de producir pluralidad narrativa, delata su ausencia. Hay muchas voces, pero una única “voz cantante”: la del comandante, convertido en mito, cuya figura monopoliza la producción de sentido.
La estructura de la obra transmite algo más que una simple cacofonía: la dificultad de articular públicamente relatos distintos al del discurso oficial. La revolución bolivariana aparece menos como un proyecto político que como un orden narrativo hipertrofiado, sostenido por una acumulación de consignas y símbolos que exaltan el carisma del caudillo y ante cuya estridencia los personajes apenas logran pronunciar murmullos, especulaciones y ambigüedades. Cuando el poder habla sin descanso, la sociedad queda reducida a un balbuceo.
Buena parte de la novela transcurre en un condominio que funciona como escenario simbólico de una experiencia claustrofóbica: los espacios se achican, las salidas no ofrecen escape. El chavismo no se celebra como una épica espectacular; se padece como una presión creciente que va estrechando la vida diaria, filtrándose en el habla popular y los vínculos personales, hasta borrar la frontera entre lo político y lo privado. Ni en la intimidad hay refugio.
En un entorno así no hay referentes creíbles y el rumor adquiere la dimensión de una cultura. Nadie sabe a ciencia cierta qué pasa; la información siempre llega incompleta, falseada, tarde. Todos se ven obligados a regatear afectos y redoblar suspicacias, a escudriñar gestos, a interpretar silencios, ajustando constantemente su conducta a una cotidianidad en la que, según la conocida expresión de Hannah Arendt, “nada es verdad y todo es posible”. Barrera Tyszka retrata con implacable sutileza cómo la vida social se corroe cuando la incertidumbre, la opacidad y la desconfianza dejan de ser fallas en el sistema y se vuelven parte constitutiva de su ruinosa funcionalidad.
Leída desde el presente, la novela sugiere que un régimen puede persistir más allá de la desaparición de su líder si el “después” no encuentra un lenguaje propio. Su caída no desata una transición, expone la intemperie.
Al final, el argumento de Patria o muerte no es la rebeldía, es el agotamiento moral. No hay instante de emancipación, sólo el imperio de la inercia. La necesidad de adaptarse asfixia la resistencia, lo intolerable deja de sorprender, el absurdo se vuelve rutina y la descomposición hace metástasis hasta desquiciar la capacidad social de indignarse, de exigir, de imaginar la supervivencia.
“¿Cómo te sientes?
No lo sé. Todo es raro.
¿Quieres regresar?
Ya no podemos.
Y entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Adónde vamos a ir?”
POR CARLOS BRAVO REGIDOR
COLABORADOR
@carlosbravoreg