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Tuvimos problemas con el envío de invitaciones por los 15 años de Morena, pero su presencia es de enorme importancia para la dirigencia del movimiento
00:01 sábado 10 octubre, 2026
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El Doctor Patán confirmó, sorprendido, que, a pocas horas de la fiesta en el Auditorio Nacional, no le había llegado la invitación. Nada, ni en la bandeja de entrada, ni en “Spam”. Hacia las cinco, revisé por última vez mi Whats, confiado en un mensaje tipo: “Compañero Doctor Patán: Tuvimos problemas con el envío de invitaciones por los 15 años de Morena, pero su presencia es de enorme importancia para la dirigencia del movimiento popular que tengo el honor de encabezar. Le comparto un código QR para el acceso doble a la zona VIP. Patria y Bienestar o Muerte, Venceremos. Atte, Ariadna Montiel, presidenta nacional”.
Me estaba viendo. Como la señora de la casa se niega a departir con los compañeros de la 4T, luego de un incidente desafortunado en la Feria del Libro del Zócalo con un compañero diputado que se dejó llevar por el entusiasmo alcohólico antes de una presentación –se había tomado unos coñacs con Coca Cola–, pensé que podía llevar como “plus one” a mi amigo Macario, un entusiasta de la democracia popular. Pero no. Nada de mensajes. “Imposible –me dije–. En el Auditorio caben diez mil personas. Me cuesta creer que no me consideraran ni para la última fila. ¡Son años de promoción del humanismo mexicano!”. Así que decidí presentarme en la puerta. No me costaba nada. Mientras no llueva, el paseo desde mi casa, en Polanco, hasta el Auditorio, es muy agradable, y seguro que algún compañero me haría pasar.
Una fiesta del pueblo. Eso se encontró su Doctor. Conmovedoramente, el México Profundo se lanzó a Reforma, con chalecos guinda y camisetas de nuestro Padre Fundador, a recibir a los líderes de nuestro movimiento como quien va a recibir a rockstars. O no, no rockstars: estrellas de corrido tumbado. Son más nuestros; más pueblo bueno. Esperé unas dos horas, pero, les adelanto, no conseguí nada. “¡Gobernadora!”, grité de pronto, imantado por ese look tan colorido. Fue una confusión. Hacen botargas muy realistas últimamente. Luego me pareció reconocer al compañero Félix, pero salí de mi error cuando el buen hombre, con sombrero de ejidatario y chamarra de mezclilla, se fue al piso por efecto del Tonayán. El Sol de Guerrero jamás haría un desfiguro como ese. Luego llegó el Andy, este sí un Andy auténtico, pero fue imposible captar su atención. Los gritos de “¡No estás solo!” hicieron imposible que me escuchara. Así que tuve que renunciar.
Terminé la jornada, bajoneado pero inmune al desaliento, en el “lounge” de puros que frecuento en la zona de Masaryk, con otro amigo, un Padrón y un single malt. Tuve una confusión final, con un diputado cuyo nombre lamento no recordar: “¡Mira, ya acabaron!”. “Te confundieron los shorts con mocasines. Pero es el Yordy, muy conocido por aquí. Maneja lo de las escorts. No jodas. Ni que fueran un narco partido”.
Mis disculpas.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09