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No, no había caído su mensaje en tierra fértil, y por tierra me refiero a la de su propio jardín
00:10 jueves 29 enero, 2026
Colaboradores
Buenas noticias. ¿Recuerdan que López Obrador habló alguna vez de que la 4T era, ante todo, una purificación moral de la vida pública, una “revolución de las conciencias”? Transcurridos un sexenio y un cachito de otro, daba la impresión de que no tenía muchos fieles sumados a la causa, entre viajes de lujo, casas inexplicables y trenes descarrilados por el lado de su progenie; secretarios de seguridad a la cabeza del crimen organizado por cortesía de su súper bróder; desfalcos en Segalmex; huachicol fiscal; turismo revolucionario en clase premier a cargo del erario, y… En fin, supongo que me explico.
No, no había caído su mensaje en tierra fértil, y por tierra me refiero a la de su propio jardín. Eso, hasta ahora, que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura se ha erigido en un guardián de la buena conducta.
Hace unos días, la poeta María Rivera difundió en sus redes un documento realmente peculiar, de firma obligatoria para cualquiera que aspire al Premio Aguascalientes, en el que el INBAL, para abrir boca, te pide que jures que “Declaro bajo protesta de decir verdad que conozco las penas en que incurren quienes declaran con falsedad ante una autoridad distinta de la judicial”, para, acto seguido, obligarte a garantizar que no has sido “objeto de denuncia o sanción” ni por “violencia de género”, ni por “acoso sexual”, ni por “discriminación racial” ni, pa’pronto, por “otra conducta que vulnere los derechos humanos de terceros” (sic).
Sorprende, en efecto, que el INBAL se etiquete como “autoridad”, como sorprende ese violento estilo leguleyo, como sorprende que se ponga en plan de fiscalía: ese “si te portas mal y te cacho, te sanciono”, inédito en el terreno de la literatura, en México, al menos en los últimos 70 u 80 años.
Pero esto es solo un preámbulo. Un párrafo después, lo que te dice esta “autoridad” es, tal cual, que: “En caso de resultar ganador, me comprometo a orientar mi actuar a los principios, valores, reglas de integridad y compromisos del instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura”, que se convierte así no solo en el guardián de la poesía y en una especie de fiscalía-comisariado para asuntos culturales, sino también, con llamativa ambigüedad, en el guardián de las buenas costumbres.
¿Qué principios son esos? A saber. Cualquier cosa, desde lavarte los dientes y la parte de atrás de las orejas, hasta no beber alcohol, repudiar el imperialismo yanqui y venerar todos los días la figura de Andrés Manuel López Obrador.
La verdad –mea culpa– es que lo de “sorprende” es un recurso retórico baratón. No, no sorprende. La 4T no moralizó nada, pero, entre prohibiciones al cigarrillo electrónico, la comida chatarra o el maíz imperialista y condenas al divorcio, la ha “moralinizado” hasta lo indecible. No tenía por qué salvarse la poesía.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09