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¿Le hubiera gustado al supremo creador de ese país, a Castro, que el modelito funcionara?
00:01 lunes 19 enero, 2026
Colaboradores
Que Cuba sea un fracaso como modelo económico o productivo es discutible. ¿Le hubiera gustado al supremo creador de ese país, a Castro, que el modelito funcionara, ese modelo consistente en poner al Estado a cargo de todo? Es probable. Al comandante no le gustaban las privaciones.
Las propias. Al margen del Mercedes, que siempre estuvo cargado de gasolina, le gustaban la pesca submarina, que practicaba en una gigantesca extensión de agua para su uso exclusivo; el whisky, un lujo imposible en la isla; cocinar, sobra decir que con ingredientes absolutamente ajenos al cubano promedio, y las propiedades. Mafia inmobiliaria de un solo hombre, las tuvo en abundancia, básicamente porque Cuba era, completita, suya. ¿Le hubiera venido bien un dinerito extra? Seguramente. Esa, sin embargo, nunca fue la prioridad. “Poner en manos del Estado los bienes de producción” es siempre un eufemismo. De la URSS para acá, en los regímenes socialistas, el estatismo es el primer y más eficaz mecanismo represivo. En efecto, quitarle a la ciudadanía el derecho de ganarse la vida con libertad es abrir o cerrar a voluntad la llave no ya de la riqueza –aunque en Cuba sí hay una casta de privilegiados, militares y gente de confianza de los Castro; hay, para los estándares del país, ricos–, sino de lo más elemental: la comida, la medicina, la ropa. El castrismo, modelo inmejorable de conservación del poder, no puede prescindir de esa herramienta. ¿El precio es la bancarrota del país? Pues se paga. Cuba produce cuatro cosas, entre las que no está la energía eléctrica, y esas cuatro, junto con las que el país mendiga a quien se despista –la URSS, Venezuela hasta que la quebró Chávez, ahora México– las administra esa misma casta de privilegiados. Antes de que vengan con lo mismo: no, no hay un bloqueo. Hay un embargo, grave pero parcial. Como se ha repetido hasta el agotamiento, el pollo que casi nunca comen los cubanos es gringo. Por lo demás, la isla tiene unos 200 países con los que comerciar. Lo que pasa es que para comerciar suele ser útil tener algo que vender, aparte de espías y torturadores. La indignación con el petróleo que le mandamos a la isla es, en esa medida, justa. Lo administra y revende ilegalmente un puñado de sátrapas al que tampoco le importa, en realidad, que la gente ande con cortes de luz. Esta es la realidad que se han negado a ver los gobiernos mexicanos, empezando por el actual. ¿Es cierto que, sin embargo, la luz intermitente y pinche, pero luz al fin, de los cubanos de a pie, depende de que Pemex siga mandando barriles a los vecinos? Pues sí. En efecto, cerrarles el suministro es condenarlos. El régimen cubano tiene secuestrados, también, a sus vecinos. De los médicos-esclavos que pagamos a precio de oro, mejor ni hablar. Una indignidad sin paliativos.
POR JULIO PATÁN COLABORADOR @JULIOPATAN09