Vínculo copiado
En corrupción, el gobierno presume 35 exservidores públicos vinculados a proceso y 273 millones restituidos. Suena fuerte
00:10 sábado 5 septiembre, 2026
Colaboradores
El Cuarto Informe de Julio Menchaca llega cargado de números para presumir. Y algunos, hay que decirlo, pesan: la pobreza bajó de 41% a 35%; 154 mil personas salieron de esa condición; Hidalgo presume primer lugar nacional en empleo formal permanente, con más de 39 mil plazas; la inversión privada rebasa los 147 mil millones de pesos y la deuda pública heredada cayó 42 por ciento.
No es poca cosa. Pero tampoco alcanza para comprar completa la postal oficial de una “transformación histórica” sin hacer preguntas. Porque un informe de gobierno no es un comercial: es una rendición de cuentas. Y si el gobierno quiere presumir cifras grandes, debe aceptar también preguntas grandes.
Menchaca deberá aceptar cuestionamientos incómodos en el marco de su Informe.
La reducción de la pobreza importa, sí. Pero aún deja a más de un tercio de la población en esa condición. La generación de empleo es buena noticia, sí. Pero falta saber cuántos de esos puestos pagan lo suficiente para cambiar vidas y no sólo para engrosar estadísticas. La inversión anunciada impresiona, sí. Pero el reto no está en anunciar miles de millones, sino en que aterricen, permanezcan y beneficien a proveedores, trabajadores y regiones que históricamente se quedaron mirando el desarrollo desde lejos.
Menchaca tiene avances que no deben regatearse. El crecimiento económico de 8.2%, el salto en competitividad, la obra pública por más de 25 mil millones de pesos y los proyectos federales -Tren CDMX-Pachuca, carretera Huejutla-Tamazunchale, saneamiento del Río Tula- colocan a Hidalgo en una ruta distinta a la de la simple administración del rezago.
Pero cuidado: gobernar no es inaugurar placas ni recitar rankings. Gobernar es lograr que el agua llegue donde no llega, que la seguridad se sienta en la calle y no sólo en la conferencia, que las obras resuelvan problemas y que la inversión no se quede en la foto con empresarios.
En seguridad, el informe presume reducciones de 71% en extorsión y 24% en homicidios. Bien. Pero la prueba no está en el comparativo, sino en la vida cotidiana: en el comerciante que no paga miedo, en la familia que no se acostumbra a encerrarse temprano, en la víctima que encuentra justicia y no sólo una carpeta de investigación.
En corrupción, el gobierno presume 35 exservidores públicos vinculados a proceso y 273 millones restituidos. Suena fuerte. Pero perseguir a los de antes nunca debe servir para blindar a los de ahora. La verdadera definición será si Menchaca construye un gobierno distinto o sólo uno más eficaz para contar su propia versión.
Hidalgo tiene motivos para reconocer avances. También tiene razones para no bajar la guardia. El discurso de “potencia en marcha” puede funcionar como lema; no debe funcionar como anestesia. La transformación, si es real, no se decreta en un informe: se confirma cuando las cifras sobreviven al aplauso.
Menchaca llega fuerte a su cuarto año. Pero justo por eso debe ser más vigilado, no menos. Porque el poder que presume resultados también debe tolerar dudas, contraste y fiscalización. Hidalgo no necesita porras disfrazadas de análisis. Necesita que sus buenos números se conviertan en buena vida.
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
COLABORADOR
@MLOPEZSANMARTIN