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Sería deseable pensar que no haya cartas de felicitación que coincidan con eso. O al menos que no sean públicas
00:10 martes 28 julio, 2026
Colaboradores
La reciente y más o menos involuntariamente centro de un escándalo, carta de felicitaciones del embajador de México en Managua, Guillermo Zamora, a los copresidentes de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo, creó un problema de imagen y de política.
La misiva es corta. Es una simple felicitación por el aniversario de la Revolución Sandinista y una literal carta de afecto de Zamora al matrimonio Ortega/Murillo.
Se sabe que tiene una amistad personal con ellos, desde sus tiempos como corresponsal de medios mexicanos en Nicaragua y concretamente durante la época en que el recién victorioso gobierno sandinista enfrentaba los embates de los "contras" apoyados por Estados Unidos.
Se sabe también que esa cercanía fue uno de los argumentos determinantes para que el expresidente Andrés Manuel López Obrador lo enviará como embajador en Nicaragua, sin que se sepa que hubiera tenido experiencia previa.
Eso no parece un requisito en la diplomacia actual y, la verdad, la carta de Zamora no tendría importancia si no fuera por el momento: la cálida, afectuosa felicitación escrita en papel membretado de la Embajada de México y con el uso pleno de su título como embajador coincide con la decisión anunciada por Ortega de que ya no habrá más elecciones en Nicaragua.
Casi podría también haberlo felicitado por los presos políticos, por expulsar a sus opositores del país, privarlos de su ciudadanía y, por tanto, sus derechos en nombre de un estado que, de anunciar la promoción de la democracia –creo que Zamora escribió de eso alguna vez– pasó a ser un estado totalitario.
Sería deseable pensar que no haya cartas de felicitación que coincidan con eso. O al menos que no sean públicas.
Pero el hecho es que el tono y la coincidencia hacen de la carta una expresión no consultada de respaldo político del gobierno de Claudia Sheinbaum al de Ortega en un momento inoportuno.
Se sabe en todo caso que el texto y la reacción tomaron por sorpresa a la Secretaría de Relaciones Exteriores y probablemente también a la Presidencia de la República, donde se hace la determinación última sobre la política exterior del país.
Lo cierto es que se trató de una declaración de afecto que tal vez sin quererlo se convirtió en un negativo en términos del complicado juego político que el gobierno mexicano se ve obligado a desarrollar, tanto en términos de su relación con Estados Unidos como en lo que se refiere a una América Latina donde los gobiernos progresistas o de izquierda se encuentran en cada vez mayor desventaja y donde la diplomacia y los intereses nacionales deben sustituir a la simpatía ideológica.
La proclamación de cercanía con el régimen nicaragüense cuando anuncia la cancelación permanente de elecciones no es, por cierto, una expresión de empatía con el resto de la región, y si bien podría ser respetable y un derecho de Guillermo Zamora, ciudadano privado, es complicada y hasta negativa como expresión oficial de Guillermo Zamora, embajador y representante del Estado mexicano.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1