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Es irónico que el encargado de demoler estructuras del derecho internacional sea el mismo país que durante 80 años se proclamó como su garante
00:01 viernes 9 enero, 2026
Colaboradores
WASHINGTON. Luego de la intervención estadounidense en Venezuela, casi resulta inútil afirmar que el presidente Donald Trump parece empeñado en un cambio de los paradigmas mundiales en favor de un orden donde, según frases de diplomáticos, prive el derecho de la fuerza por encima de la fuerza del derecho.
Ciertamente podría afirmarse que Nicolás Maduro era autoritario, corrupto, brutal o ilegítimo, pero aun así hay, o había, reglas. Hay muchos otros países donde los gobernantes reúnen esas características y nadie se sorprende.
Para algunos en Estados Unidos, es un mensaje que abre posibilidades para acciones similares de otras potencias, que como Rusia o China enfrentan problemas propios en sus áreas de influencia.
En lo práctico, es la primera señal de lo que viene bajo una Doctrina Monroe revitalizada por el llamado "corolario Trump", que reclama el derecho de hacer lo que quiera en el Hemisferio Occidental, y en opinión de algunos, de lo que bien podría ser el final del orden internacional basado en reglas tal como se conocía desde la Segunda Guerra Mundial.
Y no deja de ser irónico que el encargado de demoler las estructuras del derecho internacional sea el mismo país que durante 80 años se proclamó como su principal garante.
El arresto/secuestro del presidente Nicolás Maduro y su presentación ante una corte en Nueva York, acusado de delitos vinculados al narcotráfico, sacudió al mundo por muchas razones, a comenzar por los cambios exigidos a las autoridades venezolanas. La intervención militar y el arresto de Maduro y su esposa Cilia Flores dejó sin cambios aparentes la estructura del gobierno venezolano, pero puso a sus principales integrantes bajo aviso y de hecho obligados a ayudar, a querer o no, a cumplir los designios que les marque el gobierno Trump.
En otras palabras, bien podrían convertirse en los administradores de una nueva clase de protectorado. Mas allá, el plan de Trump se concreta en un momento en que la derecha está al alza en la región y hay ya o se esperan gobiernos inclinados hacia Estados Unidos en Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia, mientras esos mismos regímenes esperan que la derecha sea más competitiva o incluso triunfal en comicios a realizarse en Brasil y Colombia.
Los gobiernos que quedan de la llamada "marea rosa" (Brasil, Colombia y México) han expresado su rechazo a las medidas de fuerza, pero parecen condenados a cooperar con el hegemón para evitar golpes a sus propios intereses económicos y comerciales. Cuba podría ser el país más afectado por el golpe a Venezuela, su principal proveedor de petróleo. El régimen de la isla enfrenta una creciente crisis económica que el gobierno estadounidense espera le resulte mortal. Pero de acuerdo con expertos, el golpe mayor es al derecho internacional y al régimen multilateral que servía como marco de referencia a las relaciones entre países. Y los únicos favorecidos son los poderosos.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE