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Se registraron tres soldados estadounidenses muertos y 14 más heridos, y el propio mandatario dijo que posiblemente habrá otros
00:10 martes 3 marzo, 2026
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El virtual descabezamiento temporal de Irán parece el inicio de una guerra de duración desconocida, pero al mismo tiempo, un recordatorio de lo que Donald Trump está dispuesto a hacer y hasta dónde está dispuesto a llegar para obtener sus fines.
Trump no cree, aparentemente al menos en grandes guerras, sino en amenazas económicas y militares prolongadas, ataques rápidos y sumisión, más que rendición absoluta. Habría que recordar que Trump no quiere involucrarse en conflictos largos, sino en aquellos que pueda resolver al menos en apariencia con un golpe rápido: acreditarse el triunfo por descabezar a un gobierno o a una organización criminal, aunque la infraestructura siga igual. Hace años que Trump prometió consistentemente que nunca involucraría al país en nuevas guerras y, durante 2025, el primer año de su segundo gobierno, buscó incluso ser el mediador en varios choques armados.
El problema con el conflicto recién iniciado en Irán es que nadie está seguro de que haya una forma de terminarlo, al menos en los términos que Trump desea. Por lo pronto, proyectiles iraníes cayeron no sólo en Israel, participante en los ataques, sino en los Emiratos Árabes Unidos (UAE), Qatar, Bahrain, Arabia Saudita, Kuwait y Jordania, donde hay bases estadounidenses.
Ya se registraron tres soldados estadounidenses muertos y 14 más heridos, y el propio mandatario dijo que posiblemente habrá otros. El ataque provocó controversias domésticas en EU, toda vez que, en términos legalistas, no debió haber ocurrido sin la autorización del Congreso. Los autores de la Constitución otorgaron al Congreso la facultad de declarar la guerra precisamente para evitar conflictos unilaterales e impulsivos impulsados por un solo ejecutivo, pero la realidad es que es una provisión que ha sido frecuentemente rebasada. "Si el conflicto deriva en graves perturbaciones económicas (crisis petroleras, pánico en los mercados, tensión en la cadena de suministro global) poder compartido implica responsabilidad compartida", advirtió el analista demócrata Taegan Goddard. Pero el otro lado de la moneda es que Trump está consciente de las ventajas de aparecer como vencedor en un conflicto que lleva de hecho 46 años y resultó en problemas intratables desde el gobierno de Jimmy Carter (1976-80), creó problemas al de Ronald Reagan (escándalo Irán-"Contras" en 1985 y 86) más el financiamiento de los movimientos palestinos Hamas y Hezbolá.
La guerra podría ser un desastre político de largo plazo para el gobierno Trump, pero el mandatario solo necesita poder presentarse como victorioso en los próximos meses, antes de las elecciones legislativas de noviembre, y preservar las mayorías republicanas en un Congreso que hoy parece en riesgo de quedar en manos de la oposición demócrata.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE