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Así empieza “Teherán”, la serie israelí de agentes secretos que acaba de llegar a su tercera temporada, con merecido éxito
00:01 martes 10 marzo, 2026
Colaboradores
El que avisa no es traidor. Empiezo con un spoiler. Un avión jordano que viaja a la India sufre un problema técnico y se ve obligado a aterrizar en Teherán. O eso parece. En el aeropuerto iraní, una agente de la inteligencia israelí, cubierta a la usanza del islamismo, se mete al baño, cambia de vestimenta con una mujer que se le parece mucho físicamente y, mientras la otra vuela en su lugar a la libertad, logra infiltrarse en Irán, vestida de sobrecargo, bajo la vigilancia de la inteligencia israelí, que montó el muy arriesgado operativo. De lo que se trata es de ponerle freno al programa nuclear de los ayatolás.
Así empieza “Teherán”, la serie israelí de agentes secretos que acaba de llegar a su tercera temporada, con merecido éxito. Un éxito que, me parece, tiene que ver con dos cosas. La primera, su eficacia como una serie de espías que me permito calificar, en el entendido de que es un elogio, como chamagosa.
“Teherán” está en las antípodas de la serie de James Bond, e incluso de las de “Misión imposible” y “Bourne”. No hay aquí un ápice glamour, ni súper espías que se parecen más bien a súper héroes sin trajes de spandex, ni planes que se resuelven impecablemente. Al contrario.
Se multiplican los errores, los infortunios y las traiciones, sin mencionar las tormentas interiores de los personajes centrales, volubles y hasta contradictorios. Lo que pasa es que se multiplican también los antídotos. La protagonista, Tamar (magnífico el trabajo de la actriz, Niv Sultan), combina una valentía muy cercana a la imprudencia kamikaze, con una sangre fría de dar miedo, con una inteligencia excepcional, y con un entrenamiento también excepcional. Eso le permite sortear, aunque con muchos problemas, a la inteligencia iraní, encabezada por el también brillante Faraz Kamali.
En otras palabras, lo que hace de “Teherán” un éxito es el realismo: la tensión propia de las buenas historias de espías, contada con verosimilitud. Una verosimilitud reforzada, hoy, por lo que sabemos del aparato de inteligencia israelí. Desde el horror de octubre de 2023 hasta la guerra con Irán, los medios han desvelado el modo de proceder de la Mossad, a veces en alianza con la CIA.
De película o, más bien, de serie, desde los bippers cargados con explosivos que se escabecharon a la cúpula de Hezbollah, al seguimiento, paso a paso, de Ali Jamenei, hasta su muerte, con una combinación de alta tecnología y agentes infiltrados, en un país ultra vigilado, represivo, fanatizado. Policiaco, pues. Totalitario.
Ese es el segundo elemento que hace de “Teherán” una serie única. El retrato vivo, sutil, matizado, pero sobre todo creíble, de un régimen teocrático que ha logrado imponerse a un país diverso y sofisticado, como fue y es Irán. Muy retrato oportuno, sobra decirlo, en estos días.
En Apple.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09