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Por un lado, la posible restauración de un vínculo entre el gobierno de la presidenta México y el recién inaugurado régimen de Keiko Fujimori
00:10 sábado 1 agosto, 2026
Colaboradores
Si el proceso iniciado para la normalización de relaciones con Perú es una señal, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum parecería embarcado en un cuidadoso, hasta tímido, trabajo para reencauzar una política exterior que en los últimos años pasó de la doctrina Estrada a la doctrina "Guera" Rodriguez: fuera de México todo es Cuautitlán.
Por un lado, la posible restauración de un vínculo entre el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en México y el recién inaugurado régimen de Keiko Fujimori en Perú, sería de llegar a ocurrir, una muestra de pragmatismo, algo que se supone debe ser parte de una política de no intervención en asuntos internos y respeto a la autodeterminación de los pueblos.
Y eso, por ambas partes.
Al mismo tiempo, la interesante felicitación del canciller Roberto Velasco a los 296 elementos del Servicio Exterior Mexicano (SEM) que ascendieron de puesto en exámenes que subrayan el profesionalismo de un grupo ninguneado por años, especialmente -según sus quejas por lo menos- el último sexenio.
El problema es que en gran medida los diplomáticos, o quienes ocupan puestos de ese tipo, son la cara y la voz del país y que más y más, en esta era de registros electrónicos y redes sociales, sus historias son conocidas y objeto posible de controversia.
Y que deben tener cuidado extremo cuando actúan.
Restablecer el papel preponderante del SEM en la diplomacia sería importante, aunque sea solo porque tienen imbuidos los principios de una doctrina de política exterior que funcionarios politizados suelen ignorar en aras de rejuegos políticos internos de momento.
Las tímidas medidas señaladas distan de ser una rebelión contra la influencia atribuida al expresidente Andrés Manuel López Obrador, y mucho menos una desviación de los principios declarados de la 4T o un choque contra el "ala dura" del movimiento Morena, pero si son un intento por evitar un posible aislamiento de México en el ámbito internacional y de pasada fortalecer la posición del país.
La recomposición de relaciones con Perú permitiría por lo menos tender puentes con gobiernos que son asociados en el marco de la maltratad, pero aún prometedora Alianza del Pacífico cuyos otros miembros, igual que la nación peruana y con excepción de México, están bajo la dirección de gobiernos de derecha: Chile, con José Antonio Kast, Colombia con Abelardo de la Espriella.
Las dos jefas de Estado saben que su contraparte tiene una ideología diferente, incluso opuesta, pero aparentemente eligieron pasar eso por alto, parte para servir a los intereses de su país y probablemente también por conveniencia política. Más difícil, por cierto, es hallar la fórmula que les permita superar un diferendo que tiene raíz en preferencias personales, no en intereses nacionales.
Los dos países tienen posibilidades de colaboración por encima de sus divergencias y problemas, internos y externos, mucho mayores como para perder su tiempo en superar berrinches.
Claro que también podría ser que en los dos gobiernos haya renuencia a dar pasos atrás. Pero tal vez la cortesía hacia los diplomáticos mexicanos y las aperturas entre Sheinbaum y Fujimori son solo buenos deseos...
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1