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Entre los temas que estarán retomándose en estos días estará, sin duda, el de la ineptitud del gobierno que encabeza Clara Brugada en la CDMX
00:10 miércoles 8 julio, 2026
Colaboradores
Una vez concluida la participación de nuestra selección en el Mundial de futbol tenemos que volver a nuestros temas. No es lo que nos hubiera gustado pero la realidad se impone. Entre los múltiples temas que estarán retomándose en estos días estará, sin duda, el de la ineptitud del gobierno que encabeza Clara Brugada en la CDMX. La falta de planeación, las ocurrencias y la irresponsabilidad dominaron en la capital del país.
Se veía venir. El aeropuerto funcionó con remiendos, las obras anunciadas fueron un desastre, se inundaron, no sirvieron. La señora Brugada salía nada más a decir simplezas en las que nada más le faltó decir que caminar por las calles era gratis. Solamente porque se trataba de un festival deportivo la ciudadanía decidió mirar sus televisiones en lugar de los despropósitos del gobierno citadino.
En el colmo de la improvisación y los desatinos cotidianos, la señora Brugada pintó la ciudad de color lila sin siquiera avisar los motivos de la decisión. Se enojó por las críticas y las atribuyó a una fobia contra el color. Se equivocaron al pintar señalizaciones de tránsito y tuvieron que hacerlo de nuevo. También “intervinieron” los cruceros de las avenidas con pinturas que nadie entendió porque quedaban debajo de los coches y no duraron ni siquiera la primera fase del torneo.
La ajolotización de la CDMX fue uno más de los delirios gubernamentales. Una imposición ridícula de una mascota “oficial” que terminó sepultada por un pato que se ganó el cariño y la simpatía de la afición en el primer día de festejos. Quedó en el olvido como las calles pintadas. La alegría futbolera desbordó las calles en todo el país. La capital del país fue una locura en las calles y su principal avenida fue el escenario de la fiesta imponente que organizaron los mexicanos. Más de un millón se dieron cita en Reforma. En el descontrol llegaron los muertos. Rebasada por la alegría y el desorden, la jefa de Gobierno creyó que la solución era multiplicar pantallas. Si al inicio del Mundial hubo solamente una pantalla para el último partido de la selección había más de sesenta. Hasta que perdieron el miedo y decidieron impedir la llegada al Ángel.
Queda pendiente de informar en qué consistió la intervención del gobierno de Clara Brugada ante la FIFA en la propuesta de cambiar de horario del partido entre Inglaterra y México para ocultar su incapacidad manifiesta para controlar multitudes. Fue tal el despropósito que hasta el técnico nacional reclamó la falta de seriedad. La FIFA absorbió el costo del rumor y mantuvo el horario calendarizado, pero eso no evita que se sepa la solicitud oficial.
Estos y otros temas volverán a formar parte de nuestra normalidad suspendida por algunas semanas de euforia y celebración futbolera. Por lo pronto, solamente queda agradecer a la selección mexicana por su desempeño en el Mundial. Nos trajeron alegría, entusiasmo, esperanzas, pero también una demostración clara de profesionalismo y de alto nivel futbolístico. Es curioso que a pesar de la derrota del domingo, la mayoría de los comentarios sean positivos y de reconocimiento para los muchachos y su entrenador. Tanto el nivel competitivo de los jugadores como las tácticas de juego y los resultados son algo a lo que no estamos acostumbrados. Por décadas, nuestra asistencia a los mundiales viajaba rápidamente de la esperanza a la decepción. En este torneo vivimos semanas en la euforia. A nadie defraudaron y a todos alegraron. Gracias por eso.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@juanizavala