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La respuesta tiene varias interpretaciones razonables, como es evidente
00:10 jueves 30 julio, 2026
Colaboradores
Escena uno: con sus 80 años de bolchevismo estilo centroamericano, Daniel Ortega anuncia que las elecciones desaparecen, ya sin disimulos ni medias tintas, en Nicaragua. Escena dos: a nuestra presidenta le preguntan en la Mañanera qué opina. Escena tres: nuestra presidenta responde que “Primero es la autodeterminación de los pueblos”, y tan tan.
La respuesta tiene varias interpretaciones razonables, como es evidente. La menos nociva y más improbable es que se trató de una crítica muuuuuuy suave a la dictadura bicéfala de Ortega y su mujer, Rosario Murillo, que han convertido a su país en una versión centroamericana de Arepa. Me refiero a la isla caribeña inventada por Jorge Ibargüengoitia en “Maten al león”, la delirante sátira novelada de la América bananera en la que, entre opositores reprimidos, ceremonias ampulosísimas y discursos solemnes, el dictador que lleva cinco periodos a cargo de la “presidencia” se dispone a asumirla de manera vitalicia, ya sin pudores.
Lo de que es la interpretación más improbable viene a cuento porque la 4T entiende la autodeterminación, una palabra que le gusta mucho al Peje, como el derecho a hacer lo que le dé la gana a cualquier autócrata que esté del lado correcto de la historia. A cualquier autócrata de izquierdas. Ya saben: el mundo debe mantenerse al margen de lo que pase en Cuba, como en la Venezuela de Maduro, pese a las obviedades del caso. Las obviedades son los centros de tortura, las policías secretas, los comités de defensa de la revolución, los chicos de 16 años encarcelados por protestar, las mujeres de disidentes golpeadas por grupos de choque rigurosamente gubernamentales, etc. Sobra decirlo, y según se ha repetido hasta el cansancio, en donde no aplica lo de la autodeterminación es en los casos de regímenes ideológicamente inaceptables. Por eso se le da posada a un golpista y un pederasta como Evo, se defiende a otro golpista como Pedro Castillo al precio de las relaciones con Perú, se protege en la embajada en Ecuador a un prófugo de la justicia que -sin embargo- tiene el buen gusto de ser correísta, se mantiene con respiración a la tiranía castrista y, contrastantemente, se critica en las mañaneras a Milei o Bukele.
Sostener que esta segunda interpretación es la más probable tiene a favor, sobre todo, la evidencia de que aquí ya nos aplicaron también lo de la autodeterminación, no sé si lo notaron, entre la llamada reforma al Poder Judicial, las mayorías calificadas conseguidas sin votos y con la complicidad del Tribunal Electoral, la militarización de todo o, más recientemente, con las iniciativas para “defender a las audiencias”, otro modo de decir que los contenidos de los medios los controlará el gobierno, y “discutir la inteligencia artificial y las plataformas”, que es otro tanto de lo mismo.
Por Julio Patán