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Un ensayo sobre cómo la ciencia política estadounidense no ha logrado procesar la anomalía trumpista
00:00 domingo 1 febrero, 2026
ColaboradoresJason Blakely (Fort Collins, 1980) sostiene que el mayor error de la ciencia política estadounidense frente a Trump ha sido confundir la ideología de lo que estaba acostumbrada a investigar –un régimen democrático liberal– con la naturaleza humana. De ese desliz se desprende su abultado catálogo de pronósticos fallidos, no por falta de datos sino por exceso de confianza en sus “fundamentales” como disciplina científica. Durante décadas, buena parte del gremio formalizó el estudio del comportamiento político a partir de incentivos institucionales, cálculos racionales y encuestas de valores. Pero frente a una “mutación ideológica dramática” como la que representa el trumpismo, sus ojos estaban tan habituados a la normalidad liberal que no supieron reconocer la anomalía. “En el país de los ciegos ante los datos. Por qué la ciencia política no puede comprender el trumpismo” (Harper’s, enero de 2026, https://shorturl.at/tNI2P) es un ensayo sobre cómo la obsesión cuantitativa se convirtió en una forma de ceguera al encarar un cambio cualitativo. El resultado es la perplejidad de especialistas que habitan el mismo país que estudian pero lo miran con la extrañeza de un extranjero recién llegado. Como contrapunto, Blakely recupera lo que el antropólogo Clifford Geertz llamaba “descripción densa”: una sensibilidad que se acerca a la política como un campo de significados y no como una cuadrícula de variables. Sin esa fineza interpretativa, se puede tener mucha información y, aun así, no comprender lo que está pasando. Desde esa perspectiva, el movimiento MAGA aparece como una hibridación doméstica de neoliberalismo, culto a la celebridad, etnonacionalismo cristiano y presidencialismo autocrático. No es sólo que haya más “agravios” o más “polarización”, es que emergió un nuevo repertorio de sentidos –relatos, afectos, vínculos de pertenencia, formas de obediencia o desprecio– que las métricas tradicionales no estaban diseñadas para detectar. Blakely lo condensa en una imagen: los politólogos hicieron del ajedrez una “ciencia” y asumieron que todos los políticos jugaban en ese tablero y conforme a sus reglas; pero cuando llegó MAGA tomó una raqueta y comenzó a jugar tenis. No es un tropiezo metodológico: es una crisis epistémica. Una disciplina forjada para reconocer patrones democráticos queda en entredicho cuando su objeto de estudio rompe el molde. Blakely sugiere un provocador paralelo con la sovietología en vísperas del derrumbe de la URSS: frente a transformaciones radicalmente novedosas, las formas de conocimiento previas pueden volverse, de un día para otro, material arqueológico. La solución no es renunciar a los datos, es aprender a inscribirlos en la densidad de su contexto –historia, cultura, lenguaje, sociedad–. Si la política deja de ser como era, insistir en interpretarla como siempre no es rigor científico: es nomás la inercia como método.
POR CARLOS BRAVO REGIDOR Únete a nuestro canal de WhatsApp para no perderte la información más importante 👉🏽 https://gmnet.vip/7Be3H