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Hace exactamente cuarenta años se estrenó una simpática comedia, protagonizada por Steve Martin, Chevy Chase y Martin Short
00:10 miércoles 28 enero, 2026
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Los Tres Amigos de la película sirvieron de inspiración, unos años después, para las reuniones de mandatarios de EEUU, Canadá y México, que se volvieron más frecuentes tras la firma y entrada en vigor del TLCAN. Vivimos casi treinta años, con alguna interrupción por todos conocida, dentro de esa película hasta que llegó, obviamente, el antagonista. Y ahí es donde la realidad rápidamente se ha separado de la ficción.
No es que los treinta años hayan sido una película romántica, porque vaya que sí hemos tenido diferendos en ese lapso, pero en tiempos recientes ya se asemeja más a una de terror. El villano no pierde oportunidad para maltratar y menospreciar a sus supuestos socios, y las cosas han llegado a tal grado que hay quien se pregunta si no será ya el momento de que se acabe la función.
Después del notable discurso del Premier canadiense Mark Carney en Davos, muchas voces le han secundado en Europa: es momento de buscar alternativas a la excesiva dependencia de EEUU. Pero es más fácil decirlo que hacerlo, ya que su modelo económico, comercial y geopolítico se ha basado, desde hace más de ocho décadas, precisamente en esa dependencia.
Para México la ecuación es mucho más compleja, porque además de que la geografía nos puso donde nos puso, no hemos sido capaces de construir alternativas de diversificación. Para colmo, nuestra dependencia no solo es como la canadiense, de integración económica y comercial, sino también humana: más de diez millones de mexicanos viven hoy en EEUU, y la población mexicoamericana alcanza, dependiendo a quién le creamos, hasta 35 millones de personas.
Esos vínculos personales, familiares y comunitarios generan otra cadena de relaciones indisolubles, que no pueden diversificarse así como así.
La realidad nos tiene anclados, pero eso no quiere decir que no tengamos alternativas. Hace cuarenta años, la mera idea de un acuerdo integral con el resto de Norteamérica parecía descabellada. Con visión y arrojo, Carlos Salinas la impulsó y la consiguió, y lo absurdo hoy sería pensar en renunciar a la integración.
Pero no es tan imposible si ponemos en la balanza los costos incrementales de mantener vivo un acuerdo comercial que Donald Trump pretende utilizar como una soga alrededor del cuello de sus vecinos y socios.
Ni siquiera los tres amigos son inmortales.
POR GABRIEL GUERRA CASTELLANOS
@GABRIELGUERRAC