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Ojalá hubiera un equipo que cada tanto desazolvara todo aquello que inunda la cotidianidad de una ciudad como la nuestra
00:10 jueves 11 junio, 2026
Colaboradores
Hace más de una semana que en la Ciudad de México llueve a cántaros casi todos los días. Días de regresar a casa con los bajos del pantalón empapados y los zapatos húmedos. Días de despertar a media noche, alertado por el sonido de la tormenta. Días de embotellamientos y vialidades inundadas. Días –¡cuantísimos!– que la cuneta del trébol que permite salir de Circuito Interior hacia Reforma sigue anegada. Días de goteras en las estaciones de metro, de encharcamientos en las vías cada vez menos rápidas. Días de elevar los ojos al cielo y no poder evitar la tentación metafórica.
En los musicales, los aguaceros son nuevos comienzos: rupturas epistemológicas que permiten que el héroe se reinvente o el chico convenza a la chica de que es un lindo día para quedar atrapados en la lluvia. Pero esto no es un musical: es Blade Runner, con infraestructura urbana abandonada, calles tomadas y demasiadas desigualdades a flor de piel entre una población polarizada. La lluvia como única condición climática posible en la narrativa de un entorno que parece estar yéndose al carajo.
Ceno en las alturas de Metrópolis; en mi línea de vista, el Ángel de la Independencia (la base está cubierta de graffiti pero eso es cosa que no alcanzamos a ver desde aquí). A la mesa hay sentados dos hoteleros: uno es emprendedor nacional, la otra ejecutiva de una cadena global. Comparten la misma cuita: el Mundial de fútbol que iba a hacer su agosto en junio se quedó muy corto; aún hay habitaciones disponibles porque los visitantes no están precipitándose a llegar. ¿Cómo iba a ser de otro modo cuando Bloomberg, The Guardian, The Economist, El País, CNN transmiten al mundo entero las imágenes del caos metropolitano? No es que la ultraderecha (ese mito genial) conspire; es, como me dice un amigo, que nadie se detuvo a pensar que la prensa extranjera iba a llegar días antes a hacer su trabajo.
El hotelero me cuenta que el acceso a su propiedad en el primer cuadro de la ciudad se da sólo a través de un pasaje en que cabe una sola persona a la vez y cuyo flujo es regulado por personal de la CNTE. Intentaron convencerlos de agilizar el paso de los extranjeros –“Nosotros nos aguantamos pero ¿ellos qué culpa tienen?”– pero se toparon con una literal valla. ¿Que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación es una organización que encarna la peor versión del arreglo clientelar corporativo y lleva décadas lucrando con sus agremiados? Sí. Ello no quita razón a una de sus reivindicaciones: la derogación de esa Ley ISSSTE que empieza a privar a millones de ciudadanos de jubilación. ¿Qué es culpa “de los de antes”? Cierto: fue aprobada en la presidencia de Felipe Calderón. Terrible. ¿Qué hacemos ahora? (Ojo: no asumo respuesta fácil.)
Llueve. Mejor me quedo en casa. (Privilegiado yo que puedo.)
POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
IG y Threads: @nicolasalvaradolector