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El Departamento de Estado es otro lugar que, aunque obligadamente debe visitar con asiduidad en el que Lazzeri tiene que ser astuto
00:10 martes 16 junio, 2026
Colaboradores
Washington.- El economista Roberto Lazzeri Montaño llega esta semana a la capital de Estados Unidos como nuevo embajador de México ante el gobierno de Donald Trump. Sin experiencia diplomática ni política para el puesto, Lazzeri tiene la complicada tarea de bajar la intensidad a la visión estadunidense de que la presidenta Claudia Sheinbaum defiende a narcopolíticos de su gobierno y de Morena.
El tufo imperial y narcisista que sale de la Casa Blanca será el primer gran obstáculo para el trabajo de Lazzeri y no debe ni tiene por qué pretender emular al Quijote en sus batallas con molinos de viento ya que Trump no escucha ni atiende argumentos más que los de él mismo.
La misión más fácil para Lazzeri será la de reemplazar y hacer olvidar por siempre al papel de Esteban Moctezuma Barragán, quien a Carlos de Icaza González y a Miguel Basañez Ebergenyi, les disputará el puesto del peor embajador ante el gobierno de Estados Unidos en toda la historia diplomática de México en Washington.
Lazzeri puede intentar copiar el trabajo que hicieron en la embajada de México tanto Jorge Montaño como Jesús Silva Herzog, dos refinados y colmilludos sabuesos en temas políticos que dejaron huella, no en la Casa Blanca sino en el Capitolio en donde el nuevo embajador tendrá que picar piedra porosa y hacer talacha.
Algo que debe evitar a toda costa Lazzeri, si es que no ya cometió el pecado capital, es buscar para pedir consejo a Arturo Sarukhán, quien ocupó la silla de embajador durante todo el sexenio de Felipe Calderón.
Corrijo: la asesoría de Sarukhán sí puede servir. Si alguien sabe y tiene experiencia en cómo hacerse el ignorante y cómo ocultar la narco corrupción de funcionarios, es Sarukhán. La evidencia, el caso del narcotraficante Genaro García Luna. El exembajador calderonista ni vio ni escuchó nada respecto al exsecretario de Seguridad Pública.
Regresemos a lo que importa. Lazzeri debe entender que buscar a Trump es tiempo perdido. El mandatario estadunidense no lo atenderá ni escuchará porque asume al gobierno mexicano como piñata política.
Al Congreso federal estadunidense es al lugar al que Lazzeri debe acudir con frecuencia después de presentarle sus cartas credenciales a Trump.
Con la creciente posibilidad de que los demócratas arrebaten a los republicanos la mayoría representativa y control del Capitolio en las elecciones intermedias del próximo martes 3 de noviembre y, ante el hecho de que la presidencia de Trump se acaba el 20 de enero de 2029, Lazzeri puede aprender haciendo bien las cosas si mucho de su tiempo lo dedica al cabildeo legislativo. Montaño y Silva Herzog dieron cátedra diplomática y política en este casillero ante republicanos y demócratas.
Si su carta de presentación es economía y la visión de Sheinbaum para enviarlo fue el futuro del T-MEC, perderá tiempo intentando ver a Trump, el mandatario juega un día sí y otro también a anular o renovar a capricho al tratado comercial tripartita que incluye a Canadá.
El Departamento de Estado es otro lugar que, aunque obligadamente debe visitar con asiduidad en el que Lazzeri tiene que ser astuto. Ni hará cambiar de opinión a Marco Rubio sobre el tema de Cuba ni de la narco corrupción en México. La criba de las acciones irracionales de Trump será el Capitolio si los demócratas lo llegan a recuperar. Al que madruga Dios lo ayuda, dice un viejo refrán, señor embajador.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL