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La recomendación es 150 minutos de actividad moderada a la semana, por lo menos
13:56 miércoles 21 enero, 2026
Jalisco
El 31 por ciento de los adultos mayores en el mundo no cumplen con los niveles recomendados de actividad física de al menos 150 minutos semanales de actividad moderada, o 75 minutos de actividad vigorosa; en México, este porcentaje corresponde al 71 por ciento de ese sector de la población, según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022.
Esta inactividad física aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, demencia y algunos tipos de cáncer, mientras que realizar algún tipo de ejercicio tiene beneficios como recuperar el equilibrio y así evitar caídas, ganar fuerza muscular y mantener independencia.
El profesor e investigador del Centro Universitario de la Costa (CUCosta) de la UdeG, doctor Adrián Pelayo Zavalza, explicó que la actividad física es un elemento esencial para mantener la salud y la calidad de vida en todas las etapas de la vida, incluyendo la tercera edad.
“La actividad física debe de ser un elemento que tenemos que integrar en nuestra vida cotidiana. Así como comemos tres veces al día, tomamos agua intermitentemente a lo largo del día, dormimos, también tenemos que integrar el movimiento dentro de nuestra rutina como un elemento esencial en todas etapas de la vida”, afirmó.
“En personas mayores, la actividad física ayuda a mineralizar huesos, reduciendo el riesgo de fracturas por osteoporosis; disminuye la pérdida de masa muscular y mejora el rendimiento cognitivo, lo que puede contribuir a prevenir enfermedades como el Alzheimer”, informó.
Persisten barreras sociales que limitan la participación de los adultos mayores en la actividad física, dijo, como el estigma de que tienen que estar en su casa, aislados, no tienen que moverse y se convierten como en niños pequeños.
“Poco a poco dicha percepción está cambiando, y tras la pandemia muchas personas mayores buscan activarse, integrarse a clubes y gimnasios con programas específicos. México enfrenta un importante desafío demográfico: actualmente, alrededor de 7.8 por ciento de la población tiene 60 años o más, y se estima que para el año 2050 esta proporción llegará a 17.5 por ciento. Esto implica un aumento considerable de población mayor y una necesidad creciente de promover estilos de vida activos”, subrayó.
Recomendó que antes de iniciar cualquier programa de actividad física se acuda a consulta con un médico y un profesional de la cultura física para que haga un diagnóstico de la persona.
“Algunas recomendaciones generales son: integrar ejercicios de fuerza moderada, con ocho a 12 repeticiones y varias series, y complementar con actividades aeróbicas leves como caminatas, jardinería o baile. Esto ayuda a mejorar la salud general de manera segura”, precisó.
El entorno también desempeña un papel clave en la adherencia a la actividad física, puesto que si los hijos ven que sus padres necesitan hacer actividad física, se convierte en una oportunidad de integrarse junto con ellos en la práctica, para que sea además un momento de convivencia, socialización y disfrute a través del movimiento, lo que no sólo aumenta la motivación de los adultos mayores, sino que fortalece los vínculos afectivos.
En Puerto Vallarta, Pelayo Zavalza ha liderado, desde la iniciativa privada, un proyecto de entrenamiento funcional con adultos mayores que ha mostrado resultados positivos. “Una integrante, por ejemplo, inició utilizando dos bastones para poder caminar y a la semana ya andaba corriendo de un lado para otro”, compartió.
Dijo que a pesar de los esfuerzos, falta generar más espacios que promuevan la actividad física desde diferentes ámbitos, como el educativo, privado, social y gubernamental, para que más adultos mayores se integren a la actividad física.
Historias de vida
Hasta hace unos meses subir escaleras representaba un dolor de rodillas para Carmen Villagómez, de 72 años. Su doctora le recomendó caminar y hacer ejercicios suaves. “Inicié poco a poco, con distancias cortas; ahora camino 30 minutos, o de ser posible, más tiempo; voy a mi paso y hago algunos estiramientos. Me siento con más energía, duermo bien y no dependo tanto de mis hijos para moverme”, señaló.
Por su parte, después de su jubilación, Antonio Ramírez, de 68 años, se volvió sedentario, pasaba mucho tiempo sentado frente al televisor y aumentó de peso.
Un amigo lo invitó a las clases de baile que se imparten en las instalaciones del DIF. “Al principio, me daba pena, pero ahora no falto. He bajado de peso, tengo mejor equilibrio; además, hice nuevas amistades, así que también mejoró mi ánimo, porque a veces pasar de la vida activa a la jubilación es complicado”, compartió.