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#ESNOTICIA
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Se entiende que un atajo, en este contexto, es una cosa buena. Te permite ahorrar un tiempo valiosísimo, sobre todo cuando llegas a cierta edad
00:10 sábado 21 febrero, 2026
Colaboradores
Hace el sensei Fernando Savater, en una columna reciente, un homenaje discreto pero firme al prejuicio, que, dice, te evita muchos disgustos. Otra manera de decirlo, que me robo de alguien que no logro recordar quién es: los prejuicios son atajos.
Se entiende que un atajo, en este contexto, es una cosa buena. Te permite ahorrar un tiempo valiosísimo, sobre todo cuando llegas a cierta edad y por lo tanto se termina tu estancia en este plano de realidad. Tiempo que puedes invertir en ver el nuevo, triste fracaso del Real Madrid, o una serie inglesa de espías, o en leer una novela policiaca gringa, todo con el acompañamiento de esas cosas de señoro que tanta felicidad acarrean: whisky, puros, carne de puerco...
La lista, subrayo lo obvio, es potencialmente infinita y, claro, flexible. Es de aplicación rigurosamente individual; personalizable. Con todo, sospecho que buena parte de la que ofrezco enseguida la va a compartir más de uno. Espero que les sea útil. Lo mío, se sabe, es el trabajo por la comunidad.
Empiezo con el pañuelito palestino. No soy un fundamentalista y seguro que hay, en algún lugar, alguna excepción. Dicho esto, las probabilidades de que una discusión con el del pañuelito termine con una diatriba “antisionista” –traducción: antisemita– o una denuncia de eso que no existió: el bloqueo a Cuba, son altísimas. En el mismo sentido, evito cualquier mesa o foro de debate que incluya las palabras “colonialismo” o “decolonización”, y cualquier medio que se defina como “antihegemónico”. Para quienes se preguntan qué significa eso, es un eufemismo. Antes decíamos: “medios pagados por el gobierno”, que suele ser tu gobierno –holi, Jesús Ramírez–, pero también puede ser el de Putin.
Ya que estamos con palabras que son banderitas rojas: “barrializado”. Suele ir en la solapa de una novela que hace poco publicaba una editorial independiente, y ahora publica el sello “boutique” de un grupo grande que quiere abrirse a nuevos mercados y descubre que no hay mercados para lo “barrializable”, porque es aburridísimo. Ya saben, el viejo cuento de la pureza del pobre, con un metalenguaje que remite al hip hop en clave mexicana, y…
Del amor, claro, mejor no hablamos. Lo he comentado antes, pero las probabilidades de que una relación termine en naufragio, esa cosa horrible en la que nadas como desesperado para salvarte y llegas a un lugar desierto y a la intemperie, son muy altas cuando en la primera cita escuchas un elogio de la orinoterapia; una diatriba contra las vacunas; una referencia a Galeano; una advertencia contra cualquier desodorante “no natural” –“desodorante natural” es una contradicción en los términos–, o un “La neta, a mí sí me gustan algunas de Silvio”.
Pero esto es un foro abierto. Una tribuna democrática. Compartan sus prejuicios favoritos, por favor.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09