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El dron es el símbolo de esta época, pero no explica la transformación militar. Lo decisivo es el sistema que conecta sensores, operadores, redes
00:10 miércoles 3 junio, 2026
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El ensayo publicado este fin de semana por Shashank Joshi, editor de Defensa de The Economist, parte de una advertencia incómoda. La guerra moderna desmonta la ilusión de que la superioridad tecnológica permite victorias rápidas y decisivas. Hoy los ejércitos ven más, atacan más lejos y golpean con precisión, pero eso no significa que ganen mejor.
Transparencia táctica. El campo de batalla se volvió parcialmente transparente. Drones, satélites, sensores, radares, inteligencia artificial, comunicaciones y fuego de precisión reducen los espacios de ocultamiento. Pero esa visibilidad nunca es total. Puede ser degradada por guerra electrónica, camuflaje, dispersión y engaño. Ver más no siempre significa decidir mejor.
El dron no es todo. El dron es el símbolo de esta época, pero no explica la transformación militar. Lo decisivo es el sistema que conecta sensores, operadores, redes, mando y fuego. La guerra futura será menos una competencia entre plataformas aisladas y más una disputa entre arquitecturas completas de combate. Gana quien detecta, decide, ataca y se adapta más rápido.
Regresa la defensa. Ucrania mostró que capturar territorio se volvió mucho más costoso. Drones, minas, artillería, trincheras y guerra electrónica han creado cinturones de desgaste que inmovilizan fuerzas y castigan la maniobra. Por eso vuelve una lección clásica, atacar cuesta más que defender. La maniobra no desaparece, pero exige superioridad temporal.
El aire ya no basta. La superioridad aérea conserva valor, pero ya no garantiza resultados políticos. Bombardear más objetivos no sustituye una estrategia. Un adversario puede perder radares, depósitos, mandos o lanzadores y aun así conservar capacidad de resistencia. La ilusión del golpe decisivo sigue viva, pero la guerra real responde con dispersión y desgaste.
Industria y escala. La guerra del futuro será tecnológica, pero también industrial. No bastan aviones de quinta generación, misiles caros o tanques pesados. Harán falta drones baratos, municiones abundantes, defensas de bajo costo, software actualizable, cadenas seguras y producción acelerada. La ventaja estará en reponer y multiplicar capacidades.
Ética bajo presión. La guerra cambió en su dimensión moral. El combate se graba, se edita, se comparte y se consume. La violencia remota puede parecer quirúrgica, pero también deshumaniza. Cuando la destrucción se vuelve contenido, los límites del derecho internacional humanitario entran en zona de riesgo.
Lección estratégica. La nueva guerra exige menos fascinación por el artefacto y más pensamiento estratégico. Drones, inteligencia artificial, sensores y misiles importan, pero no reemplazan doctrina, mando, logística, industria, legitimidad ni objetivos políticos claros. La guerra moderna no elimina la niebla de la guerra; la ilumina por momentos y la vuelve más rápida, visible y letal.
Agenda estratégica: Este espacio está muy agradecido con el IMEESDN (Defensa) y el Instituto Matías Romero (S.R.E.) por las presentaciones del libro Cuarto de Guerra: seguridad nacional en México publicado por El Heraldo Ediciones. Aquí: https://tinyurl.com/IMEESDN y https://tinyurl.com/IMRSRE2026