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Cuando el gobierno se mete con tu plato, preocúpate. Mala señal. Como ahora. No es sólo el paternalismo patriotero
00:10 sábado 11 abril, 2026
Colaboradores
Una cosa no podemos regatearle a los gobiernos de la 4T, y es que le ofrece satisfacciones diarias a quienes tenemos una cierta adicción a la nostalgia, la droga de bajo costo de los que han llegado a una edad.
La Cuarta es, gracias a las mañaneras, un viaje diario a los años 70. Piensen, por ejemplo, en el regreso de expresiones que, después del 73, uno, si acaso, esperaba oír en la abuelita con demencia senil abandonada en un rincón de la cocina, con todo respeto para las abuelitas con demencia senil, como “¡Fuchi caca!” Piensen en la idea de Pemex como un cuerno de la abundancia. O, más ampliamente, en la proliferación de paraestatales. Como Mexicana, sí. O en la muy lópezportillista afición a los elefantes blancos. O, para el caso, en la costumbre, muy propia también de la administración actual, de darte consejos dietéticos. De recordarte qué te conviene comer, por economía, por salud y por identidad. De hacer del gobierno, pues, un nutriólogo universal.
Uno de los problemas con la nostalgia es que los 70 fueron una época horrenda, marcada por los excesos de una propaganda oficialista decidida a meterse con todos los aspectos de tu vida; la precariedad inflacionaria, paraestatal y petrolera; el desabasto y, en efecto, una obsesión del régimen por —cito a mi amigo Luis Antonio Espino— meterse en tu plato. Los lectores más jóvenes no entenderán de qué les hablo, pero en una familia de profesores como la mía, muy clase media-clase media, había que cuidar mucho lo que se gastaba en el súper, y además lidiar con las carencias de una economía cerrada al exterior. “Soberana”, pues. Comer carne, por ejemplo, era una cosa lejísimos de frecuente. ¿Qué hacía el gobierno? Eso: fungir de dietista. ¿No alcanza para la milanesa? Una empresa pública de pescadito empanizado, “Tepepan”, que producía el equivalente marino de la melamina, el “Pepepez”. Y métele al atún, “chun tachún”. Y no olvides los productos de la milpa. ¿Quién quiere un rib-eye cuando tiene los bisteces verdes: los nopales?
Esa afición nutricionista la heredó AMLO. “Este cuerpecito no se hace con dietas neoliberales”, pasaba a decirnos mientras recomendaba criar pollos en el patio, meterle a la queca en Chiconautla, al tamal en San Cristóbal y a la gordita en Fresnillo.
El punto es que, evidentemente, cuando el gobierno se mete con tu plato, preocúpate. Mala señal. Como ahora. No es sólo el paternalismo patriotero. Es que las cosas, con la economía, con la inversión, no van bien, porque los empresarios, en efecto, no van a arriesgar un peso en el país de los jueces a modo, las cuentas bloqueadas al contentillo y la extorsión.
Así que “frijolitos para todos”. Ah: con arroz. Porque los picos de glucosa no acarician, pero quién se fija. Somos orgullosamente frijoleros, aunque sea con frijol importado.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09