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Estados Unidos y México son como un matrimonio sin posibilidades de divorcio. John Gollenor Pablos, que como actor fue conocido como John Gavin
00:01 viernes 24 julio, 2026
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Un embajador estadounidense, al que personalmente considero entre los eficaces, pero ciertamente no entre los buenos, fue el autor de una definición tan brutal como realista: Estados Unidos y México son como un matrimonio sin posibilidades de divorcio.
Estados Unidos y México son como un matrimonio sin posibilidades de divorcio. John Gollenor Pablos, que como actor fue conocido como John Gavin, representó a su país en México durante los años 80, los de la presidencia de Ronald Reagan, y tuvo una serie de desencuentros con el gobierno mexicano.
Eso es más o menos natural; lo que para mí fue imperdonable fue su insistencia en tratar de separar su origen: él se sostenía "californio", presuntamente descendiente de los colonos españoles de esa región cuando todavía era Nueva España. Pero eso era remoto: tenía herencia mexicana, sonorense para más detalle, por parte de madre.
Su problema, en todo caso. Pero tenía absoluta razón en cuanto a la integración de los dos países, y eso, cuando apenas había algunos puntos del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN) y la explosión de la relación bilateral entre 1990 y 2020.
Esa formulación ahora parecería como atribulada, sobre todo en los intercambios de acusaciones que hoy parecen caracterizar la relación bilateral.
El hecho es que México y Estados Unidos tienen muchas razones por las cuales entenderse y otras tantas por las cuales están obligados a trabajar juntos.
El gobierno mexicano puede tener todo el cariño que quiera por la izquierda latinoamericana, incluso aquella que, como la suya propia, parece anclada en los años 60.
La realidad es que, en el caso de México, la economía obliga, pero tanto o más, también la seguridad de los dos países y aún más si fuera posible para nosotros, de los más de 35 millones de mexicanos y mexicoestadounidenses en Estados Unidos.
En términos reales, lo que suceda a esos mexicanos tiene importancia para el gobierno de México, sea por economía, por solidaridad, por imagen, por vinculación social o simplemente, por el hecho de su propia mitología.
Para Estados Unidos, el problema de la seguridad en México no se trata nada más de narcotráfico y la corrupción. Se trata también de la protección de cadenas de suministro y la situación de cientos de miles de estadounidenses radicados en México, sin mayor problema aparente.
Según el gobierno mexicano, se trata de unos 700 mil, pero la embajada de Estados Unidos ha estimado 1.6 millones y hay quienes creen que son más.
Nadie sabe con exactitud: no necesitan visa, no hay controles migratorios, pueden moverse libremente entre los dos países y pasar, por ejemplo, 10 meses en México para regresar un par de veces al año a Estados Unidos.
Cualquiera sea el número, forman el mayor grupo de expatriados estadounidenses en el mundo. Esas son variables, realidades de la vecindad, que sin aparecer en las discusiones formales pueden no ser ignoradas por estadounidenses o mexicanos.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1