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Nicolás Maduro era un dictador. La operación militar para sacarlo del poder y trasladarlo a EU fue ilegal
00:10 miércoles 7 enero, 2026
Colaboradores
Llamemos las cosas por su nombre, queridos lectores: lo sucedido en Venezuela el fin de semana pasado es un atropello al derecho internacional, a los principios elementales de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, a la Carta de la OEA y, muy probablemente, también a numerosas leyes estadounidenses.
Me responderán algunos que todo lo anterior se justifica porque fue para liberar a Venezuela de las manos de un sátrapa, pero no es así. Y no lo es por varias razones: primero, porque todos los cómplices y secuaces del sátrapa siguen ahí, en el poder. Segundo, porque ningún país tiene el derecho ni la atribución de ir por el mundo quitando y poniendo gobiernos o mandatarios. Tercero, porque hasta el descaro sienta un precedente gravísimo. El que ya ni siquiera se intente disimular la motivación detrás de estos actos significa que, de ahora en adelante, cualquiera que tenga el poderío suficiente puede hacer lo mismo en su propia zona de influencia, en “su” hemisferio.
Nada de lo anterior es poca cosa. El Estado de Derecho y el Derecho Internacional son las únicas armas que tiene el débil frente al poderoso. Quienes en México criticamos la reforma al Poder Judicial lo hicimos precisamente por ello, por la importancia de que la justicia no se determine desde el poder. Pero aun quienes la apoyaron estarán de acuerdo en que, si el poderoso es quien determina lo que es o no justo, no hay manera de garantizar que el poderoso sea justo.
Es importante refrendar los principios, pero ante los hechos consumados toca analizar repercusiones y consecuencias. La primera y más obvia es el desmoronamiento del viejo sistema de instituciones y contrapesos surgido después de la Segunda Guerra Mundial. RIP, Kaputt, QEPD.
Luego, bajo la nueva lógica (sic) de Seguridad Nacional estadounidense, si el hemisferio occidental es de Washington, cabe preguntarse de quién serán entonces las regiones que incluyen a Ucrania o Taiwán.
Tercero, aunque se agradece la franqueza, no es irrelevante señalar que, si EEUU ya no atribuye mayor importancia a valores antes sacrosantos (al menos en su retórica) como la democracia y las libertades occidentales, entonces ya todo se vale, nada está a salvo del despotismo.
Cuarto, y dado el éxito de la “operación Maduro”, Donald Trump y los suyos se sienten empoderados para ir por lo que sigue: Groenlandia. Lo que eso ocasionaría a la alianza atlántica es difícil de imaginar.
Para México, las implicaciones son preocupantes, pero no por las razones que algunos quisieran: queda claro que el interés estadounidense está enfocado en la estabilidad y la cooperación. El gobierno mexicano cumple con creces en ambos frentes, además de que no en los sueños más guajiros (sic tropical) se le podría comparar con Venezuela, aunque no falte el despistado que lo repita incansablemente.
POR GABRIEL GUERRA CASTELLANOS
@GABRIELGUERRAC