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El médico turco fue expulsado de su trabajo y procesado penalmente por “insultar al presidente”
00:10 miércoles 9 septiembre, 2026
Colaboradores
Esta época tiene sus propios rituales. Uno de ellos es el compartir memes. Es parte de nuestra rutina lúdica generalizada. Es, quizás, una de las prácticas que mejor ejemplifican la globalización digital, pues ¿quién no ha recibido o mandado un meme? ¿Quién no ha buscado arrebatar una sonrisa, ironizar un encono o lanzar una crítica con la iconográfica sátira de un meme?
Los memes son una práctica espontánea en los patios de juego digitales: las redes sociales. Son parte de su código de lenguaje. Es por eso que para el Dr. Bilgin Ciftci compartir ese meme de Gollum (personaje de El Señor de los Anillos) era quizás parte de sus distracciones cotidianas y ordinarias.
Pero ese meme para el gobierno turco no tuvo nada de cotidiano ni ordinario. Ese meme se atrevió a comparar las expresiones del presidente de Turquía con Gollum. El médico turco fue expulsado de su trabajo y procesado penalmente por “insultar al presidente”.
Su abogada, Hicran Danisman, intentó forjar la siguiente defensa: los memes son parte del discurso protegido por el derecho a la libertad de expresión. Sin profundizar en los giros procesales, la corte turca rechazó rápidamente los argumentos. Para Danisman se presentó un terrible escenario: no podría defender el caso con el armamento de los derechos humanos básicos y universales.
¿Qué hacer ante tan erosionado páramo legal? ¿Qué puede hacer una abogada cuando los argumentos de racionalidad convencional y constitucional se tornan en ficción literaria? ¿Qué hacer cuando los tribunales ceden inconmensurablemente ante la figura dominante del poder presidencial? ¿Renunciar? ¿Claudicar? ¿O buscar creativamente una defensa en el escaso material jurídico existente?
Para Danisman, la creatividad como resistencia constitucional y jurídica fue la adarga que asumió para defender a su soslayado cliente. Decidió argumentar que Gollum, en realidad, no era un personaje malvado y que, por lo tanto, la comparación no podía tipificarse legalmente como insulto al presidente.
Como el juez admitió que no había visto las populares películas, la abogada logró suspender el juicio y desahogar unas inéditas y peculiares pruebas: declaraciones de expertos de cine y televisión, psicólogos y académicos, para determinar la condición moral de ese hobbit descarrilado.
Las pruebas condujeron a un desenlace inesperado: todas le dieron la razón al argumento defensivo de la abogada y logró la absolución de su cliente, e incluso, como ella afirmó, “hasta salvó la reputación de Gollum”.
Este caso es la ejemplificación vívida de que, aun en los más áridos escenarios legales, hay y puede haber margen para el ejercicio ético, defensivo y resiliente de la abogacía. A un año de la reforma judicial mexicana, varios jóvenes de la Universidad ITESO me preguntaron: ¿Qué podían hacer? ¿Qué pasaría con el derecho si este es un reducto narrativo del poder hegemónico dominante? Y lo más duro e impactante que escuché: ¿Para qué estudiar derecho? ¿Qué puedo hacer, si no hay una reforma que reencauce la regularidad constitucional o legal?
Resulta difícil inyectar ánimos cuando no se ve la luz al final de un oscuro túnel, y más difícil es cuando, parafraseando a Slavoj Zizek, “[…] la luz que hay al final del túnel probablemente es el faro de otro tren que se acerca en dirección contraria”. Y aun siendo así, tal vez, si asumimos nuestra devastada realidad, lejos de un positivismo exagerado, podamos encontrar nuevas y creativas formas de reinventarnos, repensarnos y reconvertir nuestra profesión.
La abogada Danisman nos lo demostró: el derecho no debe ser el monólogo del poder, sino un campo de batalla narrativo. En ese yermo judicial, su caso floreció y salvó a su cliente porque no esperó a que un sistema erosionado le diera la razón. Ella misma construyó su defensa con creatividad y ética, usando los escombros y andamios de un sistema que parecía imposible de cruzar, y demostró lo que Jacques Derrida pregonaba: “[…] solo lo imposible puede ocurrir”.
A los jóvenes que hoy se preguntan para qué estudiar derecho ante la avalancha del poder, la respuesta debe ser clara: si la luz al final del túnel es en verdad el tren del autoritarismo que viene a arrollarnos, nuestra obligación como juristas no es cerrar los ojos ante el impacto, sino tener el conocimiento, el coraje y la astucia para descarrilarlo.
Juan Luis González Alcántara Carrancá
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación