Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
La captura y muerte de El Mencho representa el más fuerte golpe al crimen organizado en la historia reciente. Negar o minimizar el logro es mezquino
00:10 miércoles 25 febrero, 2026
Colaboradores
El análisis de lo sucedido el domingo se tiene que dar en varias vertientes, con la cabeza fría y sin dejar que las simpatías o antipatías políticas nublen nuestro juicio.
Cuando digo que este es el golpe más grande de la historia no exagero, queridos lectores: el crecimiento exponencial de los grupos criminales hace que los cárteles sean hoy ya organizaciones transnacionales, con alcances mucho más allá del tradicional corredor de Sud y Centroamérica, el Caribe y México hacia EEUU.
El CJNG entendió muy bien la transformación del mercado (drogas sintéticas, lavado de dinero, criptomonedas) y decidió convertirse en un consorcio de servicio completo (desde la proposición y distribución hasta el músculo y el lavado de dinero, a diferencia de otras organizaciones que subcontratan partes de la operación) con lo que lograron una presencia significativa en Sudamérica, Europa, Medio Oriente, Asia y Oceanía, cosa que ningún cártel mexicano había alcanzado antes.
Esta fuerza se refleja en todo: su capacidad operativa y logística, su poder corruptor, su poder político y económico y, por supuesto, en su capacidad de respuesta armada.
Así pues, la relevancia de la captura y muerte de su líder máximo crece exponencialmente, pero también el hecho innegable de que aún sin El Mencho, el CJNG continúa siendo un enemigo formidable que no se va a desmoronar ni a desaparecer.
Y eso nos coloca (“nos” de a México y los mexicanos) ante una disyuntiva mayor. La estrategia original de la “guerra” contra el narco mostró sus muchas carencias y limitaciones. La siguiente, la de los abrazos, fue un desastre, un fracaso rotundo. Y si bien las políticas de seguridad implementadas por Claudia Sheinbaum y su más leal escudero, Omar García Harfuch, han sido comparativamente exitosas en la CDMX primero y después a nivel nacional, ahora viene el momento definitorio: retomar la guerra o encontrar otro camino.
La ruta de la guerra contra el narcotráfico (término que no es hechura mexicana, sino que fue acuñado por Richard Nixon en 1971) es la más simple, pero no necesariamente la mejor: satisface a buena parte de la opinión pública y le da gusto a nuestro todopoderoso y entrometido vecino. No es poca cosa, el problema radica en que la receta se basa en la así llamada “Kingpin Strategy”, que se enfoca en la captura o eliminación de los capos y cuya efectividad, medida a lo largo de estos últimos 55 años, es bastante cuestionable.
Pero la realidad es necia y las circunstancias prácticamente obligan al gobierno mexicano a seguir esa ruta. Ojo, el que no nos guste y no haya dado resultados más allá de trasladar el problema de un país a otro no quiere decir que el regreso a la inacción sea preferible.
Estamos, pues, atrapados sin salida en una guerra en que mientras otros ponen a los consumidores, nosotros ponemos a las víctimas.
Como de costumbre.
POR GABRIEL GUERRA CASTELLANOS
@GABRIELGUERRAC