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La disyuntiva de la ley seca
00:10 viernes 3 julio, 2026
Colaboradores
La fiesta máxima del fútbol mundial siempre se ha vivido como un carnaval global: banderas, cantos y, para millones de aficionados, una cerveza fría para celebrar el gol o ahogar las penas de la eliminación. Sin embargo, la imposición de la "ley seca" durante los días de partido en las ciudades sede abre un debate incómodo pero necesario sobre el verdadero significado de la celebración popular y el control social.
Por un lado, las autoridades han justificado la restricción como una medida indispensable de seguridad pública, un dique de contención frente a los desbordes de pasión que, mezclados con el alcohol, suelen derivar en riñas y vandalismo. Es una postura pragmática que prioriza el orden. Por el otro, el aficionado y el comercio local lo sienten como un golpe bajo. Restringir el consumo no elimina la cultura del exceso; a menudo, sólo la desplaza a la clandestinidad o al consumo acelerado antes de entrar al perímetro de exclusión.
El fútbol es pasión, pero también es convivencia. Prohibir en seco en lugar de educar y gestionar los espacios de consumo responsable es admitir una derrota institucional en la gestión de masas. El mundial debería ser el escenario ideal para demostrar madurez cívica.