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Mexquitic fracasa
00:01 lunes 26 enero, 2026
DESDE LA REDACCIÓN SLP
Si una gestión municipal fuera realmente motivo de orgullo, lo lógico sería verla desfilar en boletines, discursos y fotografías oficiales. Pero cuando lo que predomina es el mutismo, conviene afinar el oído. En política, el silencio casi nunca es casual; suele ser una decisión calculada. Y en el caso de Mexquitic, la ausencia de respaldo público por parte de la dirigencia estatal dice más que cualquier comunicado. Una primera lectura apunta a una administración que no termina de cuajar. Servicios que no despegan, resultados que no alcanzan para presumirse y una gestión que se volvió incómoda para la marca política que la cobija. En ese escenario, la estrategia es sencilla: aislar el problema, reducir la exposición y evitar que el desgaste local salpique al proyecto estatal. Se mantiene el trato “institucional”, sí, pero sin aplausos ni fotos compartidas. Reconocer sin respaldo es una forma elegante de tomar distancia. Pero hay otra posibilidad, menos obvia y quizá más inquietante: que la gestión no sea tan mala, sino un inconveniente. Presumir eficiencia real obligaría a compararla con otros municipios y, peor aún, a sostenerla frente a poderes que no ven con buenos ojos a quien se sale del guión. A veces resulta más seguro nadar de muertito que levantar la mano y decir “aquí sí se puede”. La discreción, en esos casos, funciona como un chaleco antibalas político. También está el factor humano. No todo es conspiración ni cálculo fino. Hay dirigentes que simplemente no saben contar una historia de gobierno. Hablan bien de campañas, de slogans y de estética, pero se pierden cuando toca explicar baches, agua potable o finanzas municipales. Comunicar gestión exige oficio, datos y paciencia. Sin eso, lo más cómodo es guardar silencio y refugiarse en la imagen. Al final, esa famosa “relación institucional” opera como un escudo para todos. Protege al alcalde de un rompimiento abierto y le da oxígeno político. Y le sirve a la dirigencia para deslindarse si el proyecto se desmorona: estuvimos, pero no tanto. El problema es que, mientras se cuidan entre ellos, el ciudadano se queda sin respuestas claras. Porque cuando nadie quiere hablar de un gobierno, la pregunta no es si pasa algo, sino qué tan grave es lo que prefieren no contar.