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México abre la puerta, pero no arregla la casa: Nearshoring en riesgo
00:25 martes 23 junio, 2026
Colaboradores
Nuestro país tiene una paradoja que empieza a preocupar a quienes toman decisiones de inversión; somos una potencia manufacturera, tenemos una ubicación privilegiada y una fuerza laboral reconocida, pero seguimos perdiendo competitividad por problemas que no nacen en las fábricas, sino en el entorno que las rodea. El nuevo ranking internacional de competitividad coloca al país en el lugar 62, siete posiciones abajo respecto al año anterior, y el mensaje es muy claro: la oportunidad existe, pero la capacidad para aprovecharla está quedando corta.
El dato más revelador no está solamente en la caída general, sino en la diferencia entre fortalezas y debilidades. México mantiene una posición favorable por el tamaño de su economía, sus exportaciones de alta tecnología y sus costos laborales competitivos, pero se desploma cuando se revisan infraestructura y eficiencia gubernamental. En otras palabras: hay empresas interesadas en llegar, hay trabajadores capaces de producir, pero persisten dudas sobre si habrá energía suficiente, carreteras funcionales, agua disponible y procesos administrativos ágiles para operar.
Para regiones como San Luis Potosí y el Bajío, donde la industria automotriz, manufacturera y logística depende de cadenas globales, este resultado no es una estadística más. La pregunta de los inversionistas ya no es únicamente cuánto cuesta producir en México, sino cuánto cuesta enfrentar los retrasos, la falta de infraestructura y la incertidumbre operativa. El verdadero riesgo no es perder una inversión nueva, sino que las empresas instaladas comiencen a buscar alternativas si el entorno deja de ser competitivo.
El reto también toca al mercado laboral. Durante años, México ha utilizado como ventaja los llamados costos laborales competitivos, pero esa fortaleza puede convertirse en una trampa si no viene acompañada de mayor productividad, innovación y capacitación. El trabajador mexicano no puede seguir siendo la variable que compensa las fallas del sistema. Competir únicamente con salarios bajos limita el crecimiento profesional, reduce la llegada de tecnología avanzada y mantiene regiones productivas atrapadas en modelos de menor valor agregado.
La caída en competitividad no debe entenderse únicamente como una señal de alarma, sino como una oportunidad para corregir el rumbo. El sector público tiene el desafío de mejorar infraestructura, seguridad energética y eficiencia regulatoria; mientras que la iniciativa privada debe acelerar inversiones en innovación, capacitación y soluciones propias para mantener su operación. México todavía tiene una carta poderosa sobre la mesa, que es su ubicación estratégica en Norteamérica. Pero una ventaja geográfica no sustituye una estrategia. La pregunta ya no es si el mundo quiere invertir aquí; la pregunta es si México está listo para no dejar escapar esa oportunidad.
¡Excelente día!