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Con base en precios promedio reportados por Profeco, una familia puede destinar hasta siete mil 700 pesos anuales a la compra de garrafones de 20 l
00:10 sábado 10 enero, 2026
Colaboradores
Durante años, el garrafón fue la solución estándar para el consumo de agua en hogares y oficinas de nuestro país. Su lógica era simple: comprar, transportar y almacenar. Lo que pocas veces se cuestiona es que ese hábito cotidiano se convirtió en uno de los gastos recurrentes más normalizados, tanto en el presupuesto familiar como en el empresarial.
Los números ayudan a ponerlo en perspectiva. Con base en precios promedio reportados por Profeco, al mando de Iván Escalante, una familia puede destinar hasta siete mil 700 pesos anuales a la compra de garrafones de 20 litros, sin contar costos indirectos que rara vez se contabilizan: traslados, tiempos de espera, almacenamiento y la carga física de envases de más de 20 kilos.
Es un modelo que exige logística constante para un bien de consumo básico. Pero, es una realidad que en los últimos años, ese patrón comenzó a replantearse bajo una lógica más cercana a la eficiencia que a la costumbre. Al igual que ha ocurrido en otros sectores, el consumidor empezó a preguntarse si tenía sentido seguir administrando un producto con entregas, variaciones de precio y compras de emergencia, cuando existían alternativas basadas en servicios continuos y previsibles.
Los sistemas de purificación responden a ese cambio de enfoque, y empresas como Rotoplas, a través de soluciones como bebbia, han apostado por ese modelo. En lugar de depender de un suministro externo, aprovechan el agua que ya llega a la red y la convierten en apta para consumo, lo que reduce costos asociados al transporte y al almacenamiento. Para muchos hogares y negocios, esto significa pasar de un gasto variable a uno más estable y planeable.
Sin necesidad de un discurso ambiental, el modelo también reduce ineficiencias operativas que impactan en la huella logística: menos traslados, menos envases y menos improvisación. No es activismo, es una consecuencia natural de operar de forma más racional, algo cada vez más valorado en la toma de decisiones cotidianas.
En ese contexto, propuestas como bebbia, que comanda Guillermo Aguado, ilustran cómo la tecnología puede integrarse incluso en consumos básicos: convertir el acceso al agua en un servicio con mantenimiento incluido, costos previsibles y respaldo técnico. El garrafón no desaparece de inmediato, pero empieza a ceder terreno frente a alternativas que responden mejor a la forma en que hoy se consume.
PETRÓLEO
Quienes saben de temas energéticos señalan que la industria petrolera venezolana fue totalmente desmantelada durante el chavismo, incluso en su auge la refinación y la petroquímica se desarrollaban fuera de las fronteras del país sudamericano mediante empresas privadas, principalmente en refinerías norteamericanas, en ese sentido y con las recientes declaraciones del secretario de Estado, de Estados Unidos, Marco Rubio, regresaremos a las prácticas realizadas previo al ascenso al poder de Hugo Chávez, con todo lo que esto signifique.
POR JAIME NÚÑEZ
COLABORADOR
@JANUPI