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En reportaje especial se exponen las condiciones actuales que enfrentan alumnos y maestros a 18 años de la creación de este importante centro cultural
01:50 lunes 5 octubre, 2026
San LuisSan Luis Potosí, SLP.- Entre cuotas que aumentaron, talleres que dejaron de llenarse y docentes que esperan hasta mes y medio para recibir su pago, maestros cuestionan las condiciones en las que opera actualmente el Centro de las Artes de San Luis Potosí. Durante 18 años, el Centro de las Artes de San Luis Potosí (CEART) se ha presentado como uno de los principales espacios para la formación y difusión artística en el estado. En sus instalaciones se imparten cursos y talleres para niñas, niños, jóvenes y adultos en disciplinas que van desde las artes visuales, escénicas y musicales hasta las humanidades y el arte digital. Sin embargo, detrás de esta oferta académica, maestros consultados para este reportaje describen un escenario marcado por el deterioro de las instalaciones, falta de materiales y mobiliario, problemas para desarrollar algunos talleres, incremento en las cuotas para estudiantes y retrasos recurrentes en el pago de sus honorarios. Para algunos docentes, estas condiciones también han comenzado a repercutir en la cantidad de alumnos que pueden acceder a los cursos. Viridiana Ortiz, artista textil y docente del CEART desde hace cuatro años, relató que los pagos por impartir talleres pueden retrasarse hasta un mes y medio y que, además, los maestros deben esperar a que concluya el ciclo para recibir el dinero correspondiente. A esto se suma, explicó, que son los propios docentes quienes tienen que encargarse de promocionar sus talleres para conseguir alumnos, pues de no alcanzar el número requerido, existe el riesgo de que sean cancelados. En sus cuatro años como maestra, dijo, en dos ocasiones se ha quedado sin taller. Para Ortiz, esta situación ha convertido la docencia en una actividad que realiza prácticamente por “amor al arte”, pues no representa una fuente de ingresos segura. La falta de materiales y las condiciones físicas del recinto también fueron señaladas por Leslie Nazareth e Isaac Serrato, quienes imparten en conjunto un taller de cerámica. Ambos describieron problemas con el mobiliario, las instalaciones y la disponibilidad de los insumos necesarios para desarrollar sus clases. Los docentes señalaron que en ocasiones deben utilizar materiales propios mientras llegan los que requiere el taller y cuestionaron que no exista una preparación suficiente de los recursos antes del inicio de los cursos. “A pesar de ser una realidad la falta de presupuesto, tampoco ha habido una disposición a resolver los problemas”, señalaron, al considerar que en algunos casos se espera hasta que una situación se vuelve crítica para comenzar a atenderla. En cuanto a los pagos, explicaron que los retrasos se han vuelto tan recurrentes que aprendieron a “no contar con ese dinero hasta que lo tienen”. Para ambos docentes, recibir su pago no debería depender de solicitarlo constantemente, pues lo consideran un derecho derivado de su trabajo. También dieron voz a las inconformidades de algunos alumnos, quienes, de acuerdo con sus testimonios, han tenido que enfrentar cuotas más altas sin percibir que ese incremento se refleje en las condiciones de los espacios donde reciben sus clases. Cuotas más altas, menos alumnos
Durante este año, las cuotas de algunos talleres aumentaron de manera importante. Maestros consultados señalaron que en determinados casos el costo llegó incluso a duplicarse respecto al periodo anterior, situación que habría dificultado la permanencia de algunos alumnos y provocado que ciertos talleres operen apenas con el número mínimo de estudiantes requerido. María Carlock, artista visual y docente del Centro de las Artes, relató que durante este año su taller no pudo reunir suficientes alumnos y finalmente no fue impartido. De acuerdo con su testimonio, una de las principales dificultades fue precisamente el incremento en las cuotas, que habría dejado fuera a parte de sus estudiantes, principalmente universitarios. Carlock consideró que el acceso a las artes se ha vuelto cada vez menos accesible para la población en general y que existe una tendencia hacia una mayor privatización de los espacios culturales. Esta situación, señaló que también puede observarse en los eventos que se realizan en el CEART, que desde su perspectiva son en su mayoría privados y de alto costo, lo que reduce la diversidad de personas que pueden acercarse al recinto. La artista recordó que anteriormente el Centro de las Artes operaba, desde su perspectiva, en mejores condiciones, con un espacio modernizado, innovador y accesible. Ahora, afirmó, encuentra un recinto descuidado y con un público más sectorizado. Para Carlock, el CEART tiene las condiciones necesarias para ofrecer un alto nivel de preparación y difusión artística, e incluso para contribuir a la profesionalización de quienes se dedican a estas disciplinas, en lugar de limitar los talleres a actividades concebidas únicamente como pasatiempos. “¿Cómo pueden los artistas dignificar su trabajo cuando el propio Estado los hace a un lado?”, cuestionó. La docente también destacó la importancia de las artes manuales y creativas en un contexto marcado por la digitalización, al considerar que precisamente estas disciplinas adquieren relevancia frente a los cambios tecnológicos que atraviesan actualmente las sociedades. Un centro de artes sin gas para la cerámica
La ceramista Angélica Bastida, quien lleva apenas un año impartiendo clases en el CEART, relató otra de las dificultades que enfrentó durante el ciclo anterior: la falta de gas para realizar la quema de las piezas de sus alumnos. Ante la falta del servicio, explicó, tuvo que trasladar las piezas a su taller particular y cobrar una cuota adicional por ese proceso. Según su testimonio, desde el Centro de las Artes no recibió una solución concreta y las explicaciones que obtuvo se limitaron a señalar que el equipo no funcionaba, que existían problemas con el proveedor o que no había presupuesto. La situación generó inconformidad entre los alumnos y, de acuerdo con Bastida, alrededor de la mitad decidió no volver a inscribirse durante el siguiente ciclo. La experiencia resultó especialmente decepcionante para la docente, quien anteriormente había sido alumna del Centro de las Artes y llegó a la institución con expectativas distintas sobre su trabajo como maestra. Las condiciones de descuido que encontró incluso la llevaron a considerar abandonar el puesto. Bastida también cuestionó la situación laboral de los docentes. Aseguró tener conocimiento de casos de maestros que llevan más de 18 años trabajando en la institución sin recibir un aumento salarial, algo que calificó como “indignante”. La ceramista afirmó que en diversas ocasiones ha intentado reunirse con la actual directora del Centro de las Artes, Laura Luz García Lumbreras, sin conseguirlo. Por ello, pidió mayor transparencia sobre el destino de los recursos y planteó que quien se encuentre al frente de la institución debe ser una persona comprometida con el arte y con la defensa del recinto. El deterioro también alcanza las instalaciones
Los señalamientos no se limitan a los pagos, materiales o cuotas. Un testimonio proporcionado de manera anónima describió condiciones de deterioro que, aseguró, han llegado al punto de registrar la presencia de arañas, mosquitos e incluso ratas. De acuerdo con este testimonio, la presencia de estas plagas ha generado miedo entre algunos alumnos e incluso ha impedido en determinadas ocasiones el desarrollo de actividades. Estos señalamientos se suman a las denuncias de docentes sobre las condiciones de los espacios, la falta de mobiliario adecuado y la disponibilidad de materiales para desarrollar los talleres. ¿Cuánto dinero recibe el CEART?
Para entender el contexto financiero en el que ocurren estas situaciones también es necesario revisar los recursos con los que cuenta la institución. El inmueble que actualmente alberga al Centro de las Artes tiene una historia que se remonta a principios del siglo XX. Desde 1904 funcionó como centro penitenciario y su arquitectura responde al modelo panóptico asociado con Jeremy Bentham, diseñado para permitir la vigilancia desde un punto central. La penitenciaría dejó de funcionar en marzo de 1999 y posteriormente comenzó su transformación en un espacio dedicado a la formación, creación y difusión artística. El proyecto se incorporó después a la Red Nacional de Centros de las Artes, mediante la colaboración entre instituciones culturales federales y el Gobierno de San Luis Potosí.
Para el ejercicio fiscal 2026, el Presupuesto de Egresos del Estado contempla 30 millones 609 mil 367 pesos para la administración del Centro de las Artes, dentro del programa presupuestario “Arte y Cultura Centro de las Artes”. El objetivo establecido para dicho programa es contribuir al bienestar de la población mediante la educación, la cultura y el deporte de calidad, ampliar y diversificar la oferta cultural y garantizar el acceso a bienes y servicios culturales. Pero el presupuesto público no constituye la única fuente de recursos de la institución. El Centro de las Artes también cuenta con ingresos propios derivados de los servicios y actividades que ofrece. Las cuotas establecidas oficialmente incluyen, por ejemplo, hasta 61 mil pesos por determinados eventos sociales; hasta 3 mil 675 pesos por permisos para toma de fotografías; entradas de 63 pesos; recorridos guiados de 300 pesos; seminarios y diplomados de entre 500 y 12 mil pesos; campamentos de verano de 2 mil 500 pesos y el uso de determinados espacios académicos de hasta 9 mil 135 pesos. Además, las tarifas del Museo Leonora Carrington contemplan rentas de espacios para eventos sociales, empresariales o institucionales de hasta 89 mil 250 pesos.
Estos montos corresponden a las cuotas establecidas oficialmente y no representan necesariamente lo que el Centro de las Artes ha recaudado durante 2026. Hasta ahora, no se encuentra disponible públicamente un documento que permita conocer cuánto dinero ha ingresado efectivamente a la institución por estos conceptos. Lo mismo ocurre con el destino detallado del presupuesto.
El presupuesto permite rastrear una parte, pero no todo el gasto
El Tabulador de Remuneraciones del Centro de las Artes incluido en el Presupuesto de Egresos 2026 contempla 30 plazas: siete de confianza y 23 de base. Los salarios y prestaciones correspondientes a estas plazas representan alrededor de 11.6 millones de pesos anualizados. A esto se suman 1.88 millones de pesos previstos para honorarios asimilables. En conjunto, son aproximadamente 13.5 millones de pesos previstos para remuneraciones. Entre los puestos contemplados aparecen responsables de áreas académicas, museo, galería, comunicación, vinculación, mantenimiento y servicios generales, además de personal administrativo. Sin embargo, esta información no permite determinar cuánto se destina específicamente al pago de los maestros que imparten los talleres, cuyos honorarios varían de acuerdo con las clases y actividades que realizan. Tampoco permite conocer con precisión cuánto se ha gastado durante 2026 en mantenimiento, materiales u operación cotidiana. Es decir, existe información pública sobre el presupuesto autorizado y sobre una parte de los recursos previstos para remuneraciones, pero no es posible reconstruir con la misma precisión cuánto dinero ha sido efectivamente ejercido ni hacia dónde se ha dirigido cada peso. Esa diferencia entre lo presupuestado y lo ejercido resulta central para entender las condiciones que actualmente denuncian maestros y alumnos. Un presupuesto público y una pregunta pendiente
Las cuotas de los talleres también forman parte de esta ecuación. De acuerdo con la Ley de Ingresos, las cuotas de recuperación para talleres, cursos, clases magistrales y laboratorios pueden ir desde actividades gratuitas hasta cursos de 6 mil pesos por semestre, además de cuotas de entre 50 y 100 pesos por alumno por concepto de servicios educativos, mediación cultural y materiales. La normativa establece que estas cuotas corresponden a la duración total de la actividad y que no existen reembolsos una vez iniciado el curso. Así, mientras el CEART mantiene una oferta de más de 100 cursos y programas, para algunos estudiantes el acceso a esta formación se ha vuelto más costoso. Al mismo tiempo, maestros denuncian que en determinadas actividades los materiales necesarios no están disponibles pese a que existen cuotas relacionadas con este concepto. La pregunta, entonces, no es únicamente cuánto cuesta estudiar en el Centro de las Artes, sino cuánto ingresa realmente la institución, cuánto recibe del presupuesto público y cómo se distribuyen esos recursos. ¿Con cuánto dinero está operando realmente el CEART? ¿Cuánto ha recaudado durante este año? ¿A dónde se destinan los recursos públicos y los ingresos propios? ¿Cuál es la justificación detrás del incremento en las cuotas? ¿Y por qué los docentes enfrentan retrasos de hasta mes y medio en sus pagos? Son preguntas que permanecen abiertas.
Directora no da acceso al medio
Para este reportaje se buscó conocer la postura de la actual dirección del Centro de las Artes, encabezada por Laura Luz García Lumbreras, quien asumió el cargo el 12 de junio de 2026. La intención era conocer los planes de la nueva administración, la situación actual de los talleres, el número de alumnos y visitantes, así como las medidas contempladas para atender los señalamientos relacionados con las instalaciones, los materiales, las cuotas y los pagos a docentes. La solicitud de entrevista se realizó mediante mensajes con el área de comunicación social del Centro de las Artes. La respuesta fue que se buscaría agendar una reunión con la encargada de comunicación para valorar la posibilidad de realizar una entrevista con la directora. Sin embargo, la reunión no llegó a concretarse y, hasta el cierre de este reportaje, tampoco fue posible obtener una entrevista con la directora. El Centro de las Artes nació con la intención de transformar un antiguo espacio de encierro en un lugar dedicado a la creación, formación y expresión artística. Hoy, los testimonios de quienes trabajan y estudian ahí plantean una serie de cuestionamientos sobre las condiciones en las que se sostiene ese proyecto.
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