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La situación de Moisés Rosas muestra que el debate no debería centrarse en derogar la Ley del ISSSTE, sino en construir una nueva reforma pensionaria
00:10 jueves 18 junio, 2026
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Moisés Rosas es uno de los mejores gestores culturales de México. Ha sido director del FONCA, del Museo Amparo y del Museo del Estanquillo, funcionario de la UDLAP y dos veces secretario de Cultura de Puebla, y eso tan sólo en los años –poco más de 20– que llevo de conocerlo. En su curso profesional ha trabajado bastante para el sector privado y muchísimo para el sector público, para gobiernos lo mismo priístas que perredistas, panistas que morenistas: es un profesional y no un militante, un administrador público y no un político.
Moisés entró a su séptima década de vida hace poco más de un año; hasta ahora no ha sido demasiado generosa con él: si bien ha curado un par de exposiciones notables, no ha logrado conseguir trabajo fijo; además, le fue diagnosticado un cáncer de próstata que, si bien se encuentra en remisión, supone la compra de medicamentos costosos. Lo peor: pese a sus más de cuatro décadas de actividad profesional, no dispone de una jubilación.
Moisés tiene depositado en una Afore un ahorro para el retiro correspondiente a su trabajo en el sector privado; sin embargo, no puede liberarlo a menos de contar con una negativa de pensión por parte del ISSSTE, en donde se encuentra inscrito en el ahora tan debatido regimen de cuentas individuales pese a una antigüedad como servidor público que antecede por mucho la reforma de 2007 y a jamás haber firmado documento alguno a tal efecto. Eso le da derecho a otro monto de ahorro para el retiro, que difícilmente bastaría para el resto de sus días –su esperanza de vida oscila entre los 5 y los 12 años– pero que hoy le sería de gran ayuda, sólo que no puede cobrarlo hasta dentro de muchos meses en razón de tiempos administrativos. En virtud de sus más de 25 años de antigüedad, la ley le ofrece una pensión mensual: 6 mil pesos: menos de un salario mínimo.
Amén de tocarme en lo personal –Moisés me es muy querido–, el caso me lleva a una coincidencia –aun si improbable y aislada– con la CNTE: es imperativo, más que derogar la Ley del ISSSTE, realizar una nueva reforma al sistema de pensiones.
Aquella Ley del ISSSTE del calderonismo obedeció a un problema que constituye el azote de los Estados de bienestar contemporáneos: el aumento de la esperanza de vida que inviabiliza el esquema de cuotas solidarias en que los trabajadores en activo financia con sus aportaciones el retiro de sus predecesores; son ya tantos en cualquier momento que el esquema resulta incosteable. Y eso es cosa que o supo la hoy presidenta cuando candidata y que sabe el magisterio disidente que lucra con la opinión pública pidiendo lo imposible: no hay manera de regresar al esquema previo ya sólo porque no hay recursos que alcancen porque la recaudación –materia en la que México no sólo ocupa uno de los últimos lugares de la OCDE sino se encuentra por debajo del promedio de América Latina– no alcanza.
Mucho lo han dicho hace mucho muchos que saben mucho más que yo: en México urge una reforma fiscal progresiva para aumentar la recaudación. Aquellos obstruyen Reforma, éstos bloquean reformas. No liberar ésta condenará a mi querido Moisés, junto con al menos 1.7 millones de trabajadores, a la inmovilidad.