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Después Evito se fue a Cuba y más tarde a Argentina donde Alberto Fernández lo ayudó a regresar a Bolivia. Su partido perdió las elecciones
00:01 miércoles 12 agosto, 2026
Colaboradores
Inolvidable, por cursi, aquella escena: nuestro secretario Ebrard (de Relaciones Exteriores) palpaba con sonriente emoción las mejillas del gran cocalero Evo Morales auxiliado en su escape tras la intentona de golpe electoral en La Paz.
—Me salvaste la vida, le dijo después Don Evo a su amigo Andrés López, entonces presidente (con E) quien, con esa odisea de los aviones del Ejército Nacional, inauguraba su desastrosa política exterior. Era el año 2019.
“Rescatando al hermano Evo”, habría dicho Steven Spielberg.
Después Evito se fue a Cuba y más tarde a Argentina donde Alberto Fernández lo ayudó a regresar a Bolivia. Su partido perdió las elecciones y él sigue estando en la mira de la justicia de su país, acusado de abusos sexuales repetidos. Abusos contra mujeres, conste.
Hoy, como si se tratara de un servicio más de Uber Fly, otro avión de la Fuerza Aérea Mexicana (no de Mexicana de Aviación), rescata a otra persona en Sudamérica. Ahora se trata de Betssy Chávez, la ex ministra peruana, quien gozaba de asilo político en la embajada nuestra en Lima, tras haber sido sentenciada a 11 años y 5 meses de prisión por el golpe de Estado del expresidente Pedro Castillo.
Keiko Fujimori, quien recién comienza su periodo presidencial (en Perú suelen ser muy cortos y accidentados) quiso llevar los asuntos por otro sendero (nada luminoso) y restituyó las relaciones con nuestro país:
—“De acuerdo con el derecho internacional, correspondía y por eso hemos actuado de esa manera; que se le otorgue el salvoconducto a la señora Betssy Chávez.
“Aquí cuando se actúa de esta manera institucional, no se ven los colores políticos, uno actúa de acuerdo con la ley. Esto ha sido muy bien tomado por parte del gobierno de México y creo que eso ha ayudado también a que estas relaciones se restablezcan...”
Muchos verán en este episodio un triunfo diplomático nacional.
Lo es, pero también de los peruanos.
El golpista Castillo, cuya asonada fue el origen del desacuerdo profundo y la ruptura diplomática, sigue preso. México ha recibido a su esposa y a sus hijos por razones humanitarias y por idénticos motivos ahora llega la señora Chávez (con acompañantes, pues no está sola).
Muy bien, pero en este quid pro quo, Castillo y su sombrero, se quedan presos con supremo berrinche de López, su amigo y abogado.
Quizá por eso la señora presidenta (con A) dijo: “... vamos a seguir en la defensa del presidente Castillo por las razones que hemos expuesto. Ellos lo saben, el nuevo gobierno de Perú lo sabe, pero es un paso...”
La señora Fujimori ya dio este paso. Difícilmente dará el otro.
POR RAFAEL CARDONA
COLABORADOR
@CARDONARAFAEL